lunes, julio 20, 2009

Notas al margen: Los videojuegos y su doble

La leyenda del Polybius es la creación de un inconsciente colectivo que presiente que los videojuegos tienen un poder más que el del mero entretenimiento. Según esta conocida leyenda urbana, la CIA habría fabricado –junto con una empresa de videojuegos- una máquina que fue colocada en algunos bares y establecimientos estados de la Unión Americana, que provocaba ciertos comportamientos extraños en quienes jugaban con ella: pesadillas, ataques epilépticos, dolores de cabeza, depresión y en un caso, el suicidio.

Lo que se pretende con esta leyenda es decir lo que es obvio: los videojuegos alteran lo otro que está de este lado. Aunque no se trate, como así han querido hacer sentir algunos padres preocupados y presas sensacionalistas –a propósito de los asesinatos en masa- que afecten a las límpidas e inocentes mentes de nuestros niños, sino que afectan y construyen la Realidad.

La estupidez reinante ha querido ver –para expandir la confusión entre los términos- en los videojuegos un escape de la Realidad, una evasión a las formas más acuciantes y reales de la lógica. Sin embargo este error es fácilmente demostrable: el videojuego es más bien otra forma de suministrar y de constituir la propia Verdad de la Realidad –junto con los telediarios, la televisión y el resto de los medios de formación de masas-.

Los videojuegos son más reales que la realidad –entendiendo la realidad meramente como lo otro que está del otro lado de la pantalla (sin decir que es suma de cosas, aún)-; aunque esto es nada más que un juego de palabras. Los videojuegos, si queremos ser claros, son la Realidad misma en tanto que lo que cae del otro lado, donde están nuestros niños que los usan... es otra cosa.

Y esto se ve muy fácilmente: ya que los jueguitos estos funcionan con reglas y algoritmos y programas y chuminadas por el estilo que lo que quiere decir es que nunca se podrán saltar ni equivocar tales reglas. De esta manera un niño tiene muy claro que juntando cien moneditas de esas podrá comprar una vida. Que siempre hay una mejor arma que es más útil. Que haciendo determinados objetivos el prestigio sube y se va haciendo todo más sencillo. Se sube de nivel. Y hasta se puede ligar en videojuegos con niños y niñas más Reales –es decir, que funcionan con cuatro reglas simples y sencillas, como un mero cálculo matemático- que los que están del otro lado.

Este doble, que es lo que está aquí rozándonos la punta de los dedos mientras escribimos, eso es lo que es verdaderamente irreal, en donde, a pesar de cumplir todos los objetivos, la recompensa puede no darse. Donde el dinero no compra vida, donde, por bueno que seas no tienes asegurado subir de nivel. Ese doble raquítico que pretenden, sea Realidad, es (afortunadamente) falible.

De este lado, en el doble, los algoritmos no funcionan: no hay programa a seguir por las cosas porque no están cerradas. Y eso es el principal motivo por los que deberíamos alejar a nuestros niños de los videojuegos: no porque sean una salida de la Realidad, sino porque es la forma más directa de entrada para creer que su doble también es Real.

viernes, julio 10, 2009

¿Qué es filosofía? Contra este blog y la domesticación de la duda


«La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Agamenón.- Conforme.
Su porquero.- No me convence.»

Don Juan de Mairena.



A pesar del título este texto no pretende dar cuenta de lo que sea filosofía.
Las razones que me mueven a escribirlo son muchas y muy variadas. La primera de ellas es recordar y aclarar que esto no es un blog de filosofía (y aunque puede que en las categorías aparezca como tal –ya que todo, para la Realidad, tiene que aparecer catalogado y etiquetado), sino únicamente son un montón de textitos que más o menos pretenden romper con lo que la filosofía trata de conocer.

Esta duda me asalta porque a veces creo, como algunos de mis colaboradores me han hecho saber, que el riesgo siempre latente de dejar de combatir la Realidad y pasar a reforzarla distrayéndonos con filosofitos, filosofantes y nombres empolvados de la Historia de las Filosofías.

Es cierto que nos valemos de razonamientos de otros que ya han razonado algo sobre lo que pensamos –y seguiremos haciendo- y da la extraña casualidad de que estas personas eran filósofos… -aunque las canciones que aparecen debajo de cada uno de los textos ha veces acierten tanto o más que los propios razonamientos-, pero si razonamos con sus razonamientos es porque estamos, de alguna manera, firmemente convencidos de que sus razonamientos no son suyos. Quisiera tirar el nombre y quedarme con lo otro… ya que el Nombre Propio, sea de Heráclito de Éfeso o de Giovanni Versace, son los que comienzan a dar categoría de Realidad a las cosas.

El propio Nombre con el que firmo y que se supone que es el mío, bueno… me provoca muchos reparos. Pero ahí quede… que los motivos de que ahí aparezca sean siempre claros y distintos: el más puro de los miedos.

(Habrá que pararse a explicar esto más detenidamente en otra ocasión)


Pero al revelarnos contra la filosofía, al decir: esto no es filosofía, nos queda la pregunta pues: ¿Qué es filosofía y por qué esto no lo puede ser?

Bueno, primero que nada he decir que ‘filosofía’ la utilizaré, sin el mayor empacho, sin detenerme a ver sus ‘verdaderos’ significados –si acaso la filosofía es más que la ciencia, es una ciencia entre las ciencias o es una mera enjuiciadora de los enunciados científicos-, sino únicamente me limitare a su estrato más Real… es decir, a las Facultades y Manuales y Libros de Filosofía: a sus nombres.


Lo primero que he de decir es que no hay cosa más triste que se le haya podido hacer a la inquietud y la pregunta de cualquiera que hacerla licenciatura. No existe enemigo más sigiloso de la duda y del asombro que la propia Facultad de Filosofía…

Cuando casi unos niños entregan la inquietud y la extrañeza de este mundo a un montón de catedráticos que difícilmente saben ir separando lo que es la redonda mentira de la Realidad (historias, nombres, textos, cánones, ciencia positiva) y lo que es de verdad razonamiento, duda y rebeldía… (porque la razón, si de verdad es razón, sólo puede ser rebelde). Acaban licenciados, intercambiando articulitos en revistas de divulgación universitaria sobre las hipóstasis plotinianas…

Y esa es, al fin y al cabo, la gran tarea de la Educación y Pedagogía Oficial: Domesticar las dudas, apaciguar los asombros, silenciar las aporías en las que acaban cada una de las cosas…


Porque los filósofos llegan a aceptar la mera enunciación que se repitió entre los escolásticos: La Verdad, dicen, es decir lo adecuado a la cosa.

(De esta manera –y únicamente de esta manera- se pueden construir
las tesis doctorales soporíferas que están obligados a redactar:
El vaciamiento
de significado de los noúmenos ideales en la teoría comunicativa de Jürgen
Habermas
o acaso,
Influencias del imperativo socrático-délfico del gnoti seautón
en el estoicismo romano de Marco Aurelio Antonino
… Porque se vive de la creencia
de que tanto la teoría comunicativa de Habermas o Sócrates o Marco Aurelio, son
cosas… de las que se puede decir lo adecuado y así revelar lo prístino de los
límites del objeto a tratar.

Esta clara mentira se derrumba ante el sólo
testimonio del más leve del sentir: ya que Habermas no puede ser Habermas y
Sócrates tampoco puede ser Sócrates. No se puede decir nada adecuado al
estoicismo romano, ni admite ninguna cosa que se le cierre y se le describa de
manera absolutamente adecuada. La cosa siempre se deshace y eso es lo que la
filosofía ha olvidado desde hace mucho tiempo.)


Se dice que Pitágoras (D. L., I, 12) que respondiendo al León, tirano de Sición, que le llamo sabio: «dijo que nadie era sabio más que la divinidad. Antes se la llamaba ‘sabiduría’ (sophía), y sabio al que hacía profesión de ella, que debía destacarse por la elevación del espíritu. Filósofo es el que ama la sabiduría.»

Como siempre sucede con los filósofos, tenemos que quedarnos con algunas partes y desechar el resto. En algún momento este enunciado tan simple y tan complejo a la vez se ha llegado a resbalar de toda memoria: simple porque en su buen sentido sabe reconocer que la sabiduría es imposible para lo que muere y que ningún mortal puede atrapar con su boca a Doña Verdad; complejo en su error, ya que supone que aunque no pueda haber Verdad entre los hombres necesita seguir creyendo que aún existe la Verdad en algún lugar de las divinas constelaciones.



Por esta simple y sencilla razón es imposible decir Verdad y por tanto decir lo adecuado a la cosa. Ya que la cosa, en la medida en que sea ella misma, está mintiendo. Las cosas, en tanto que hablan –y es a ese discurso al que el filósofo pretende unir el suyo-, son absolutamente capaces de mentir. Cuando se muestran cerradas, hechas, derechas y bien limitadas, cuando se prestan más a que nuestros hablares se ajusten de fácil manera a ella, es en ese momento cuando más está mintiendo.

Por ello el filósofo se ha confundido –esto es, los licenciados de filosofía- y en algún momento han llegado a creer que decir a la cosa era decir la Verdad de este mundo. Que al mundo se le podía someter a explicación –sea en el fenómeno que sea: desde los medios de comunicación hasta los movimientos de los átomos- es imposible.

Y sin embargo ahí los tienen: catedráticos, maestros de bachillerato, manuales de filosofía, latigueando las inocentes espaldas con nombres y fechas y memorizaciones de teorías para alimentar yo que sé qué desconcierto y los niños se pierdan y confundan sus dudas y lo vivo de los razonamientos con Nombres y su parafernalia… que para lo único que sirve es para repetirse y seguir haciendo infinitamente lo que ya estaba hecho desde siempre.


Por eso hay que decir que la filosofía no es una herramienta contra la Realidad. No puede ser un arma, porque ella misma, en sus formas institucionalizadas se ha vuelto parte de la Realidad misma –y aunque esto fuera más claro antiguamente, cuando los regímenes teocráticos se sostenían justamente por los filósofos oficiales de turno y se combatían con una ferocidad virulenta toda herejía teorética-, los modos de accionar de la Filosofía, reconvertida en una mera institución más apocada entre las facultades de Ciencias Productivas –que también, evidentemente, son nuestro objetivo a atacar-, que a lo que se dedica es a domesticar la pregunta viva de todos los corazones…

Otra cosa será en qué medida algunos de los enunciados de la filosofía –sin importarnos de dónde vengan- puedan servirnos –como de hecho aquí de ellos nos aprovechamos como meras máquinas- para siempre servir a la rabia viva que nos tiene que estar acosando todos por el simple hecho de estar aquí. Y, naturalmente, reconducir la tarea original de todo razonamiento que es, no decir verdad, sino decir a la mentira que miente.


martes, julio 07, 2009

Lo ideal y lo Real II: El misterio del cuerpo



Ya hablamos la última vez sobre este mismo tema (la falsa separación entre lo ideal y lo concreto) en referencia al tema del dinero y las utilidades –‘materiales’- que puedan o no reportar las ideas y los estudios, dejando del lado toda consideración física o metafísica del asunto de la abstracción o de la materia.

Es momento, pues, de abordar cosas un poco más alejadas del sentir claro y directo que uno experimenta ante la llamada de los ‘materialistas’ –es decir, que llaman ‘materia’ al dinero y viceversa-, para tocar los razonamientos que algunos hayan proferido sobre este tema, para ver de que manera nos puede aportar más arma para demostrar la mentira encerrada en esta división.


Quizá la mejor manera para comenzar es reconociendo la utilidad que la Realidad extrae de esta forma de administrar sus cosas: llamándolas a unas reales o concretas o materiales y a las otras ideales o abstractas o inmateriales.

(Más allá del establecimiento de la común confusión de los términos y que los
hombres confundan dineros, ideas y cosas, para que así el cambiazo de la Fe por
lo otro sea mucho más sencillo y fácil.)

La importancia de esta concepción, se ve, es la noción implícita que tiene todo hombre que se apropia de esta separación es suponer que lo concreto es más manejable que lo abstracto (falacia que no se sostiene al más leve de los exámenes): y así someter a las cosas físicas, como una mesa, un perro o un jamón, a un régimen de conocimiento absolutamente sencillo… siendo que estos serán mucho más fáciles de conocer –ya que se usan, se comen, se poseen- que un triángulo isósceles, la teoría epistemológica de Platón o el conjunto de los números primos.

Las cosas concretas, según esa opinión, no esconden ningún secreto y son absolutamente simples: manejables, computables y acumulables –de ahí su misteriosa semejanza con el dinero, que sin esta división no se sostendría-, e igualmente, dado que se conocen y se tocan, se les puede imponer un valor.

No hace falta demasiado tiempo para deshacernos de esta mentira: baste con reconocer que es prácticamente imposible saber lo que es una mesa, un perro o un jamón, cuando se piensa adecuadamente. Y sirva como ejemplo la triste labor de los zoólogos y naturalistas: que ante la imposibilidad de definir un vencejo, un alcornoque o un almendro, no tienen más remedio que –al reconocer que lo inútil que supondría intentar hacer una descripción que agotase las notas de la cosa- el de elaborar una serie de taxonomías, ordenes, géneros, especies, etc. en la que acomodan desde los pájaros hasta las setas… y todas las cosas que se agrupan en tales familias y taxones consiguen definirse individualmente en sus diferencias específicas. Esto es que ningún botánico podrá decir nunca qué es un almendro, ni un zoólogo qué es un vencejo… sino apenas agruparlos e ir desviando los significados en otros tantos.


Ante esto, sin duda ya se nos empieza revelar la mentira: es mucho más fácil definir –o por lo menos decir algo adecuado a la cosa- en cuanto tratamos de triángulos isósceles o teorías filosóficas, que decir lo que se adecua a una mariposa o una flor cualquiera.

En ese sentido, digamos de una vez por todas que ‘lo concreto’ es incluso más inmanejable –si se mira con detalle-, que cualquier aparato ideal.


Naturalmente esto ya se sabía desde hace mucho tiempo y no estoy diciendo absolutamente nada nuevo. Aristóteles mismo –y toda la tradición escolástica- hablan siempre de la materia como algo que raya en lo inasible. Para Plotino, la materia es lo colindante con el no-ser, guarda una extraña semejanza con Dios –el Uno- que es que es incognoscible –que no se le puede someter al lógos-, los únicos entes con los que se puede contar (los únicos que poseen algún grado de aceptable de Realidad) son las almas e ideas.

Lo que hace Plotino es simplemente vertebrar el platonismo. Pero también en Aristóteles –a quién la tradición académica ha alzado como principal oponente del platonismo, puesto que aunque haya gastado gran parte del libro XIII y XIV de la Metafísica en criticar la ‘existencia separada de las ideas’- maneja la materia de una manera extraña… Esto es, convirtiéndola en un agregado de la forma (al êidos) carente de toda característica o propiedad: lo que se denominó entre los escolásticos materia prima, y que provocó no pocos descalabros en cuestiones teológicas durante la reintroducción de Aristóteles a occidente a través de averroísmo.

Es decir, que para Aristóteles existía ‘lo que aparece’, sin decir que aquello que tenemos dado en el árbol o el vencejo, sea puramente material –ya que está compuesto también de forma- y únicamente por abstracción –separación: chorístos-, se puede separa lo Ideal –lo abstracto, tales como las reglas silogísticas del razonamiento dialéctico, las figuras geométricas o los números- y lo Material.

Sin embargo lo más que se puede decir sobre la materia en Aristóteles es que le funciona como un mero principio de individuación y nada más. Esto es, una mera forma de separación entre las cosas que se ‘nos aparecen’ pero ninguna otra característica puede tener sino por virtud de su forma.


Ahora bien, no quiero entretenerme demasiado con Aristóteles y lo que vino después con los sucesivos platonismos y herejías sobre el mundo y la materia –y como durante toda la Edad Media, hubo grandes controversias sobre si Dios podía estar en el Mundo (o incluso el extraño caso de David de Dinant –cuya obra De tomis, hoc est, de divisionibus desaforutunadamente se ha condenados en 1210 y prohibidos en 1215-, que Santo Tomás [S.T., Ia, 4, 20, 2] nos dice escuetamente que «decía muy neciamente que Dios es materia prima.» Aunque lo más probable es que esta información del aquinatense no sea mas que una mala interpretación –aristotelización- de otra cosa), sino acudir a argumentos más simples, directos, modernos –sin tanta cháchara sobre historia de la filosofía- que nos pueda demostrar de qué manera materia e idea se confunden en una sola cosa.


Aunque quisiera aventurarme y sumergirme en cómo es que ya la materia se nos ha vuelto luz y energía, mis conocimientos sobre física cuántica y la teoría de la relatividad son absolutamente raquíticos… pero quede dicho cómo a los propios estudiosos de la ‘más rabiosa actualidad’ –dando por sentado de que todos los tiempos están, como dijo el otro, en este tiempo-, la materia se les ha escapado montada en un rayo de luz.


Para lo otro quisiera recoger dos textitos de don George Berkeley, ese obispo irlandés al que tradicionalmente la academia no ha tenido el mayor empacho en llamar –en su necesidad de catalogar todo lo que aparece por aquí y por allá- ‘idealista’. (O en una peor denominación, aunque eso propiciada por unas interpretaciones parciales de su obra ‘solipsista’). No entraremos en ello ahora…


Apenas diré que Berkeley se empeña en destruir la concepción de la materia únicamente como un amague retórico para demostrar la existencia de Dios. Ese era su cometido… y aunque aquí bien poco nos interese su conclusión y resultado, su razonamiento no deja de ser válido.

En la Introducción a su Tratado sobre los principios del conocimiento humano, en escasos 20 párrafos da al trasto con toda la teoría de la existencia de la materia, negando justamente la posibilidad de que existan cosas separadas de las ideas –puesto que si estuviesen separadas de las ideas (fuera de la mente) no podrían ser ni conocidas ni tendrían ningún significado –sobra decir que Berkeley siguiendo la tradición psicológica de Locke abre el campo de lo que se llamó después filosofía del lenguaje:

«Que los demás tengan esta maravillosa facultad de abstraer ideas, es cosa que ellos mismos podrán decir mejor que nadie. Por lo que a mí respecta, yo encuentro, ciertamente, que poseo la facultad de imaginar o de representarme las ideas de las cosas particulares que he percibido, y de las otras varias que resultan de combinarlas o dividirlas. […] Pero siempre que imagino una mano o un ojo, éstos han de tener una forma y un color particulares. Del mismo modo, la idea de hombre que yo me formo, ha de ser siempre la de un hombre blanco, o negro, o bronceado, o derecho, o torcido, o alto, o bajo, o de mediana estatura.» (§ 10, Ed. Alianza, trad. Carlos Mellizo)

Lo que dice tiene la intención de negar la teoría de las cualidades primarias y secundarias de los objetos, que enunciara Locke en el Ensayo sobre el entendimiento humano.

Sigue Berkeley después de asegurar la no existencia de las ideas sin la mente –y por tanto la existencia necesaria de un sujeto, convertido en sustancia percipiente-, ya fuera de la Introducción:

«Hay algunos que establecen una distinción entre cualidades primarias y secundarias. Por las primarias entienden la extensión, la figura, el movimiento, el reposo, la solidez o impenetrabilidad, y el número; por las segundas entienden todas las demás cualidades sensibles, como los colores, los sonidos, los sabores y demás. Reconocen que las ideas que tenemos de éstas no son imágenes de algo que existe fuera de la mente o no-percibido; pero mantienen que nuestras ideas de las cualidades primarias son representaciones o imágenes de cosas que existen independientemente de la mente, en una sustancia no-pensante a la que llaman materia. Por tanto, debemos entender po materia una sustancia inerte e insensible, en la que la extensión, la figura y el movimiento subsisten de hecho. Pero, partiendo de lo que ya hemos mostrado, resulta evidente que la extensión, la figura y el movimiento son únicamente ideas que existen en la mente, y que una idea no puede parecerse más que a otra idea; y que, en consecuencia, ni ellas ni sus arquetipos pueden existir en una sustancia no-perceptiva. De lo cual resulta claro que la misma noción de materia o de sustancia corpórea implica de suyo una contradicción.» (Berkeley, Tratado sobre los principios del conocimiento humano, § 9, Ed. Alianza, trad. Carlos Mellizo.)


No creo que haga falta añadir más párrafos explicativos: La materia, tal y como se le concibe sigue siendo una Idea, sea como soporte o como Dinero o como algo que se puede manejar y contar y agrupar en la mesa, el perro o el jamón: la materia sigue siendo Idea en la medida que la sometemos a una explicación:

«Hylas: (Sobre el sustrato material) No pretendo tener una idea positiva adecuada de él. Sin embargo concluyo que existe porque no se puede concebir que existan cualidades sin un soporte.
Philonús: Parece, por consiguiente, que tienes de él sólo una noción relativa, o que no lo concibes más que al comparar la relación que tiene con las cualidades sensibles.» (Berkeley, Tres diálogos entre Hylas y Philonús. A lo largo de los cuales quedan plenamente demostrados la Realidad y Perfección del conocimiento humano, la naturaleza incorpórea del alma y la inmediata providencia de una Deidad: en oposición a los escépticos y ateos, así como un método abierto para convertir las ciencias en algo más sencillo, útil y compendioso. –este es el título completo-, Ed. Humanitas, trad. Manuel Satue)

No hace falta en que continúe el razonamiento del diálogo: el título del libro lo deja bien claro. Naturalmente que Berkeley aceptaba que existían Ideas –percepciones- que el sujeto –‘yo’- no puede controlar… pero era justamente eso lo que demostraba la existencia necesaria de otra sustancia –algo que tenía que ser similar a una idea, ya que una Idea sólo puede parecerse a otra Idea- que era el Espíritu Supremo o Dios. (Por eso la nomenclatura de ‘solipsismo’ es una interpretación parcial porque para Berkeley tienen grado de existencia no únicamente el Sujeto sino también Dios, comunicándose incesantemente a través de las percepciones incontrolables)


Naturalmente eso de Dios nos interesa bien poco. Lo que hace Berkeley –como es su mandato e intención- es siempre defender la Realidad (y nosotros, no debemos olvidarlo, estamos aquí para atacarla)… sin embargo su razonamiento no deja de ser brillante y útil si nos deshacemos de su conclusión: la materia, en tanto que no es idea es un misterio absoluto.

A ese misterio el irlandés lo nombra Dios –y, si cabe peor, el Dios cristiano-, pero a nosotros no nos hace falta. Ese misterio extraño, que yo sigo sin entender, es el que funciona como una herramienta útil contra la Realidad… contra la pretensión de vender mesas, comprar perros o saber jamones… Cuando uno se da cuenta de ese misterio y lo vive y lo siente –no como los misterios teológicos que pretenden dar explicación a lo inexplicable, sino como puro asombro y pura duda- entonces la Realidad se desquebraja y muestra su verdadera cara: que no está cerrada y se le puede atacar con las máquinas adecuadas.


sábado, junio 27, 2009

Notas al márgen: El mar y los faros

Preocupado por el tema de la periodicidad, el autor de esta página, me ha pedido que le entregue algún artículo. Me remitió sus trabajos y me dio carta blanca. Sinceramente tanta fría cháchara no me gusta… Tanta metafísica…

El hombre teme al mar. Le teme, porque como todo lo temible, es mujer. A nadie le puede caber la duda de cuando se toca el mar, se toca el seno de una madre. Por todo ello, siempre ha sido necesario ponerle límites domarlo, someterlo, hacer la división –falsa como todas las demás- entre la tierra y el agua.

No es extraño que el faro más antiguo en funcionamiento sea la Torre de Hércules en A Coruña que data del s. II d. C… y aunque, hay otro más hacia el oeste, en Cabo Finisterre…, la importancia del puerto marítimo del Magnum Portum Artabrorum se imponía. La Torre de Hércules está señalando, más que una costa, el límite del mundo conocido.

De lo que se trata es de poner los límites bien claros.

Afortunadamente le hombre fracasa y fracasará siempre. Los diminutos faros (nótese la traslación fonética bastante evidente entre ‘faro’ y ‘falo’) como penes con toda su verticalidad y potencia, con ese fuego que brilla en la punta como un glande aceitoso, nunca pueden dominarlo.

El sometimiento del misterio de natura –ese secreto que bulle como misterio indescifrable dentro de todo lo que vive- a esta Realidad productora de objetos, conocimiento, basura y cosas muertas nunca puede ser total. Los barcos flotan no porque venzan ciertas leyes que Naturaleza les pone y que con maquinitas, faros, ingeniería náutica y artes de navegación, sino porque más bien acaso haya una diminuta pausa, un soplo de fresca brisa en la que la Mujer toma un respiro y permite a los barcos navegar, a los puertos florecer, a los faros iluminar, antes de que con una leve agitación, un espaviento involuntario, sin invocar ninguna fuerza ni ningún cometido, arrase con ese triste y patético límite marítimo.

El mundo no está pensado ni redondo ni se puede saber dónde empieza el mar. Y quien diga lo contrario miente.

miércoles, junio 17, 2009

Lo ideal y lo Real, I: De por qué la idea y la materia son lo mismo, el Dinero.


Siguiendo de nuevo con las máquinas que nos tienen que ayudar a ir desmontando la Realidad, cacho a cacho, vamos a tocar un tema que, de alguna u otra manera, siempre nos está rondando por lo bajo cuando se hablan de estas cosas:

Una de las divisiones –ya que, como dijimos hace ya tiempo, la Realidad se va construyendo a partir de la separación de eso ‘sin fin’ que es el mundo, en cosas particulares y distintas para así dominarlo y someterlo- más importantes y que ayudan a domesticar las ansias y furores de los que apenas les va despertando esa ira y esa ansia de rebeldía contra lo Real.

Me refiero a esa división de lo ideal y lo real, a eso que nos asalta –a mí también, ¿cómo no?- entre los razonamientos: ¿de verdad sirve esto para algo? ¿De verdad la palabra, -esta triste palabra que no encuentra mas que este medio para salir y ver si tiene la gracia de divulgarse e irse pasando de uno a otro ido como un incendio o como una peste-, de verdad esta palabra puede transformar lo que está del otro lado?

Y esto que huele tanto a eso que decía el viejo Marx de los filósofos… (que los filósofos interpretaban el mundo, cuando de lo que se trataba era de transformarlo), y que nos huele tanto a debate político moderno, en realidad nace con la propia historia –esto es, la historia escrita y la filosofía misma (sin detenernos demasiado en las fechas ni separación de géneros textuales que nos distraen demasiado para nuestro propósito):

Y ya nos cuenta Diógenes Laercio en una escueta noticia de Tales de Mileto:

Cuenta también Jerónimo de Rodas en el libro segundo de sus Recuerdos anecdóticos que, queriendo demostrar que es fácil hacerse rico, al llegar la época de recolección de la aceituna, alquiló con previsión los talleres de aceite y reunió muchísimo dinero. (D. L. I, 26. Ed. Alianza, trad. García Gual, C., p. 46)

La misma anécdota, aunque con un toque mucho más literario, nos las relata Aristóteles en los Políticos, I, 11, 1259a (colocado como el fragmento 11 A 10 en D-K, la trad. es de Eggers Lan y Juliá, de los Filósofos Presocráticos, Ed. Gredos):

En efecto, como lo injuriaban por su pobreza y por la inutilidad de la filosofía, se dice que, gracias a sus conocimientos astronómicos, pudo saber cómo sería la cosecha de aceitunas. Así, cuando era aún invierno y tenía poco dinero, tomó mediante fianza todas las prensas de aceite de Mileto y de Quíos, arrendándolas por muy poco, pues no había competencia. Cuando llegó la oportunidad y todos a la vez buscaban prensas, las alquiló como quería, juntando mucho dinero, para demostrar qué fácil resulta a los filósofos enriquecerse cuando quieren hacerlo.


Esta anécdota la traigo a colación, tanto para ver que esto de la inutilidad de la filosofía ya estaba en boca de todos desde su propio surgimiento, como para ver de qué manera cualquier prueba contra esa inutilidad es del todo falsa y que acaba demostrando justamente lo contrario: es decir, que la filosofía –o el quehacer teorético o el razonamiento puro y duro- no sirve para nada.

No hay tiempo para establecer los matices de las cosas, ya habrá tiempo para detenernos en otra ocasión en ese problemático nombre de ‘filosofía’. Pasemos al ejemplo:

Por un lado se propugna la inutilidad de filosofía y por otro la maniobra financiera de Tales parece –al menos a ojos de Aristóteles y de Diógenes- estar demostrando lo contrario: que la filosofía, ciertamente, es útil a pesar de todo.

El problema aquí es el concepto de utilidad. La utilidad –que tiene que ser uno de los debates cruciales por aquí, que al fin y al cabo, esta es una pequeña fábrica de máquinas que pretenden ser útiles- es vista aquí como la generación de Dinero. Cuando lo significativo del Dinero está justamente en que no sirve para nada sino para ser dinero… El Dinero, dicho clara y simplemente, no cambia nada.

El Dinero es el lugar de la Realidad en donde vienen a sumarse y a encontrarse todas las contradicciones de la Gran Máquina ya que, en una moderna teología, no cabe duda que es el Dinero y sólo el Dinero el que podría ocupar el lugar de Dios. Y por cierto, el Dios más perfecto que jamás religión alguna haya podido aspirar y que a su lado Jehová, Alá y el resto de deidades más o menos moribundas no son más que minúsculas máculas de fe: ya que es justamente el Dinero el que da la fe (el crédito) a cualquier cosa en cualquier circunstancia y ante quien el resto de dioses tienen que inclinarse y a quien deben su poder.

Por eso la prueba de traducir el conocimiento en Dinero no es más que una falacia de la Realidad, que hace pensar que algo cambia cuando lo único que está sucediendo es hacer lo que ya estaba hecho desde siempre.


Es en el Dinero en donde mejor podemos ver que esta separación entre lo que es Ideal y lo que es Real es tan falsa como reaccionaria con la amenaza de libertad que surge en cualquier razonamiento que esté descubriendo la mentira de la Realidad.

Por un lado se dice, con más o menos empacho, que lo más concreto, lo más tangible, el non plus ultra de la Realidad se haya enterrado en el Dinero. Así cualquiera al que se enfrenta a cualquier razonamiento, por más o menos demoledor que resulte, lo que quiere ver por encima suya, es eso que llaman la ‘aplicación práctica’ y que por lo general siempre se mide en Dinero. Sea la eliminación de los pobres, el aumento de salario de los trabajadores, la bajada de los impuestos, la inyección económica, etc., ningún razonamiento sirve, sino es en la medida en que esté produciendo Dinero –esto es lo que ya está hecho y no puede hacer nada sino reproducirse a si mismo.



(Y esto no querrá decir que subir los salarios de aquí o de allá esté mal, o
acaso borrar pobreza, pero siempre téngase en la cabeza que hacer eso no es
hacer nada, sino lo que estaba destinado a suceder desde que Dinero y Estado se
fundaron en uno. En resumen, no existe nada bueno que pueda salir del Dinero)


De esta manera la Realidad gana siempre. Si el razonamiento es improductivo se detiene por su propia ‘inutilidad’, si el razonamiento produce, lo único que hace es producir más Realidad –Dinero, naturalmente.

Y por más señas de esta extraña confusión, traigamos a colación, en relación a esto del Dinero… eso que en los decires comunes –que no populares, que es distinto- se tiende a llamar ‘materialista’ a aquél que se fija sólo en el Dinero. Porque de verdad cree que el Dinero sirve para algo y es igual a cualquier cosa material, porque se puede intercambiar muy fácilmente por ella.

E incluso, no conformes con ese malentendido, a quienes pretenden más o menos, mejor o peor, rebelarse contra el poder del Dinero –o acaso simplemente no les interese demasiado y otras cosas les muevan en el corazón más que andarse dejando la vida trabajando para este Dios-, se les llama (¿lo contrario?): ‘idealistas’. Y así tenemos de un lado la Idea y del otro la Materia.


(Dejaremos para la segunda parte de esta entrada cuestiones más metafísicas como
el misterio absoluto de la materia y la más absoluta Realidad de la idea, porque
ahora me quiero quedar en esto del Dinero, por la importancia que tiene y ver
cómo en esta cosa tan común se encierra el misterio teológico más grande de
todos: la confusión última de la Realidad en donde Idea y Materia se funden a
condición de ser Reales –o en otras palabras- a condición de tener un precio).

Y porque siempre nos valgan poemas mejor que razonamientos –en el fondo porque vienen a ser casi lo mismo- ponemos aquí dos estrofas que nos servirán para ver al de qué manera se nos juntan irremediablemente los ‘idealistas’ y ‘materialistas’ en uno solo (Agustín García Calvo, Libro de Conjuros, Ed. Lucina, p. 17):

y añadiría en nueva mudanza
«Venga el pastor de empresas y bancos,
el que esquilaba los débitos blancos,
el que de crédito hechía la panza;
venga y suscriba aquí mi libranza,
venga y verá lo que vale dinero:
todas sus cifras verá que eran cero
y qué de vacío mi cuenta se danza.
[…]
Y tú, la clienta de las galerías
del supermercado, que por la escalera
mecánica en pos de la cosa cualquiera
bajabas al cielo, al limbo subías,
entra a mi danza, y tus chucherías
saldrán de la bolsa profunda hechas humo,
consumidora de puro consumo,
tu vientre sin fondo, tus manos vacías. »

Por lo general explicar un poema, cuando está tan bien escrito, sólo se puede hacer con el riesgo de enturbiarlo, de esfumar y borrar lo que ya está perfectamente claro en el inconsciente. Aún así, tenemos que hacerlo… y correr ese riesgo de que al hacer conciente lo que quiere decir, se nos pierda el sentido verdadero.

El par de estrofas tocan dos extremos distintos del dinero. i) Por un lado la cima de la pirámide financiera: esas entelequias abstractas que nadie sabe bien como funcionan ni como se mantienen en pie, esa extraña base de la economía que se mueve a través de rumores, gestos, señales, ilusiones: los ires y venires de las acciones que no tienen nada que ver con el hombre de a pie. ii) Por otro, el consumo puro y duro de cualquier hijo de vecino que a salto de mata acude a los centros comerciales a ver si es verdad que puede llamar vida a lo que hace el resto de la semana: esto es, trabajar.

Sin embargo estos extremos no se hayan separados… todo lo contrario son dos aspectos de lo mismo… a pesar de que nos pueda parecer que allá en las alturas económicas en donde –según los economistas- se teje el mundo del dinero con alguna teleología divina ajena a nuestro entendimiento…

Porque bien claro es verlo que no se sabe muy bien ni cómo ni cuándo ni por qué
se desploman de vez en cuando las bolsas y quiebran los bancos, como si los
números tiranos de las lucecitas de Nueva York, brincasen cual Oráculo de Delfos
y enardecidos no se sepa ya a qué pitia acudir… ¿Quién hay que diga ‘Yo sé
porque hay recesión y crisis y la madre que la parió, hacedme caso a mí…’?
Naturalmente nadie puede decir que no lo sabe… todo el mundo dice algo, que si
la inflación inmobiliaria, que si el repartir y regalar créditos hipotecarios,
que si la rapiña de la banca privada... Pero nadie sabe por qué ni lo han de
saber porque los motivos de Dios son insondables…)


Y así desde esa cumbre abstracta el Dinero baja como una procesión plotiniana, otorgando realidad a todo aquello que produce: dando fe de verdad (crédito) a todo lo que, al bajar, va tocando. Y cuando llega, ya como un vago reflejo de Dios, en esa calderilla que tintinea en los bolsillos, no debemos olvidar lo que significa: es el símbolo, la cosa de todas las cosas… La cosa por la cuál todas las demás obtienen su Realidad, su valor, su lugar en el Mundo. No es mas que la forma imperfecta de aquello que tiene que ser puro número, pura cifra… Si es moneda es porque, desafortunadamente, tiene que serlo… y mejor le conviene al dinero ser más bien electrones fluyendo en las redes bancarias y dejándose ver en pantallitas de cajeros automáticos como ventanitas a la verdadera Realidad.

Pero la segunda estrofa, esa que habla de algo que, naturalmente, parece más Real, más ‘material’ y palpable, cuando señora y señor, niño y niña, se pasean entre los bazares y galerías, cartera en mano… esa estrofa es todavía más interesante. Porque aunque se diga que el Dinero es un símbolo y lo que importa es lo que representa: esto es Capital, ‘materia’ en existencias –como dicen-, y que en el momento en que sea se pueda lo uno trocar por lo otro y así comprar comidas y blusas y faldas y coches y casas y juegos y teles y todo lo que se ofrezca entre los escaparates… De pronto, si uno se deja raptar por sentido común se dará cuenta que no… que eso que compra no puede ser material, que lo que está comprando y consumiendo no puede ser cosa como una piedra o un árbol cualquiera. No puede serlo de la misma manera… cuanto más que cada uno de esos objetos están siempre fabricando otra cosa: la Realidad misma que constituyen.

Porque son sólo Dinero. Y el Dinero se mueve sólo para sí mismo…

Y en última instancia, la más macabra noticia, es que siempre está el resto absoluto de esas materias –que no es materia, porque la materia (ya lo veremos la próxima vez) es un misterio insondable que nadie jamás ha conocido ni conocerá- sino meras formas vagas de Ideas que adquieren en alguna fábrica China la forma de un monitor, de un teclado, de un altavoz y que funcionan quién sabe bajo que mágico mandato divino incomprensible, y todas están para la muerte. Naturalmente, ¿cómo no?, si de lo que siempre se trató es de entreteneros, ya sea comiendo o viendo películas o jugando a los videojuegos, mientras llega la muerte.


No hay nada que sea útil entre esas máquinas. Absolutamente nada. La prueba de Tales –si es que hubo tal que tampoco nos interesa-, de intentar demostrar la utilidad de la filosofía, fracasa en el momento en que entendemos la absoluta inutilidad del propio Dinero.

No. La utilidad de eso que algunos llaman bajo el equívoco rótulo de ‘filosofía’ es útil por otra cosa: porque puede de pronto ayudar a romper la Realidad, a desquebrajarla y triturarla en medio de la razón… Todo lo demás que pueda hacerse, es perfectamente inútil.





domingo, mayo 31, 2009

Excursus: Contra mis estudiantes


Esta vez asaltamos cosas más de andar por casa… sin tanta metafísica. Porque hoy venimos a desmontar una de los artefactos más míticos y a la vez problemáticos que uno se pueda echar a la cara. Me refiero a la universidad y los estudiantes.

Notarán que digo ‘mis’ estudiantes y no los estudiantes… la razón no es porque yo tenga alumnos de ninguna clase, sino porque, aunque esté contra ellos –de alguna manera- a la misma vez uno no puede sentir viva simpatía por ellos de tal manera que hasta los hago míos… y si acaso algún reconcomio les tengo es porque no están lo suficientemente vivos, lo suficientemente alerta con las trampas de la Realidad, pero que aún así siguen siendo los que están más cerca del pie de guerra al que estamos volcados aquí.

Y si estamos contra ellos es en la medida en que ellos mismos constituyen parte de la Realidad… (y una parte bastante importante) y no menos me incluyo yo mismo entre ellos –en lo que tenga de estudiante. Digamos que en estudiante se funden esas dos fuerzas –la una en contra y la otra a favor de la Realidad- que hay que separar con mucho cuidado y no dejar que se mezcle la una con la otra.

De esta manera a la misma vez que atacamos al estudiante podemos atrevernos a alabar sus rebeldías contra Bolonia, sus huelgas de estudio, sus mayos franceses, sus diversos apoyos, en fin, contra el poder que pende sobre nuestras cabezas.


En esa separación vamos a quedarnos un rato, para pensarla y repensarla: ¿por qué es el estudiante el que, por lo general, se presta más a la batalla contra el poder dominante? Digo que, aunque no se rebelen en bloque, ni estén agrupados en sindicatos ni instituciones similares –la mayoría, por lo menos-, suelen estar más despiertos a las constantes mentiras que les van cayendo una tras otra desde arriba.

El motivo, después de pensarlo… la verdad es que es a la misma vez triste y feliz: feliz porque la verdadera causa de su quehacer es el hecho de que aún no están del todo hechos
-el estudiante, el joven, el niño (y en menor medida las mujeres, aunque cada vez menos), gozan del privilegio de no estar todavía hechos, de no tener sus límites claros, como en aquel poema de Machado. De pertenecer a una clase que no es clase ni está reconocida del todo en los estatutos de la Realidad, simple y sencillamente porque la Realidad no puede controlarla (como el pescador no puede dominar al mar en el poema que analizamos hace ya tiempo). La Realidad no puede controlar a la sangre nueva que va bullendo bajo las pieles de los estudiantes de la misma manera que un maestro difícilmente puede contener la sana alegría de un niño de seis años. Ante esta situación la mejor forma de reprimir esa amenaza de libertad que en sus espíritus les recorre es separándolos y arrogándolos a la pedagogía mortal a la que están sometidos todos los seres humanos que nacen bajo este régimen de Realidad. Y cuanta más energía tienen y gana tienen de sacudirse el yugo, tantas más cadenas hay que colocarle.

lo triste, del hecho es que su propia característica de estudiantes nos está ya diciendo que están en proceso de hacerse, de formarse, de delimitar sus cuerpos, sus respectivas individualidades, y así insertarse en la Realidad poco a poco, dócil y tranquilamente.

El paso por la escuela es el equivalente a los rituales iniciativos de las sociedades neolíticas que existen por todo alrededor del mundo: es el hecho de hacerse adulto, pero adulto en la medida en que es arrancar de su seno la viva fuerza de la niñez y someterlo a la muerte de la cultura. Entendiendo cultura como ‘lo que ya está hecho’ y a lo que el iniciado tiene que asentir sin más, el mundo cerrado de los adultos. Naturalmente existen prerrogativas y provechos para quién se somete a semejantes ritos iniciáticos: en algunas tribus americanas se les entregaba un nombre, un nombre verdadero y no el que tuvieran de cuando eran niños. El niño moría para la tribu, era una especie de homicidio ritual para que de sus despojos renaciera otra cosa que ya no era informe, que ya no era la encarnación de la fuerza indomable de la niñez: un adulto.

La pedagogía sólo puede establecerse en el mundo a través de un enconado y profundo odio hacia los niños. La Realidad odia a los niños de la misma manera que odia esa parte –que en mayor o menor medida persiste entre los adultos, pero siempre corriendo por lo bajo, donde nadie pueda verla- indomable, simple, y llena de esa razón vital que lo cuestiona todo con una claridad y una sencillez que destruiría cualquiera de las mentiras con las que se va tejiendo desde arriba.
Al fin y al cabo, el triste destino del estudiante es la integración: y su integración se establece a partir del trabajo remunerado: del dinero. Es un poco triste sentir que cuando el estudiante habla de ‘su’ futuro –porque es suyo, naturalmente que eso le han enseñado a creer al pobre, como el domingo que les daba su papá al caer la tarde si se habían portado bien, también sería suyo-, por lo general siempre están hablando de dinero.

Ese futuro que están esperando es siempre, como cabe suponerse, la introducción lenta y paulatina en la Realidad, no ya como estudiante, sino como hombre trabajador, como soldado del capital, hipotecado, padre de familia –divorciado o no, ¿qué más da?-, etc.

Sinceramente, para mí siempre había sido un misterio la transformación de los jóvenes en adultos. Un misterio auténtico: ¿cómo es qué aquel chaval que holgazaneaba tendido en el sofá, escuchando a todos y a todas que venían a contarle sus vidas, escuchando –en el supremo de la ingenuidad- hasta al pedagogo que al que le hayan adosado, cómo, repito, es que de pronto es un señor? Un señor de esos que camina solo… que desde la distancia aburre a los niños con su barriga, su cara larga, sus cuidados ademanes en la mesa, su imposibilidad para seguir ningún tema que no sea lo que ya está dicho o lo que no sirve para decir nada –los temas comunes: deportes, clima, dinero, algún titular del periódico, etc.- y que su cara rebela incomprensión a cualquier otra cosa.

(Naturalmente esta hechura del adulto nunca es total ni absoluta, y en ella
misma se pueden encontrar en grandes generalidades rasgos de eso otro indomable
de la juventud; aunque nunca se atreva del todo a dejarse llevar por ellos.)


Sea como sea, creo haber llegado al quid de la cuestión, ya que yo mismo me hallo en esa edad crítica en donde se suplica –ya por familiares, ya por dineros, ya por amores- que se tomen las riendas de la vida. Y debo decir que, aunque no se llegue a parodiar el asesinato ritual de los neolíticos, ciertamente, hay un momento en que el predominio en el joven, lo mismo que en el niño, es de miedo absoluto. Se le inflige miedo y a través del dominio de ese miedo –cuyo dominio pasa por sentirlo a ejercerlo en los demás- es lo que constituye la esencia de al adultez.

En ese sentido, el triste destino del estudiante es siempre insertarse en la vida adulta, en hacerse uno más entre los incontables que ahora les reprimen. Lo más inútil de la revuelta estudiantil, de la reyerta y del enfrentamiento con la autoridad, pasa por darse cuenta que esa misma autoridad hace una década estaba en el mismo lugar que el estudiante, y el estudiante, más tarde o más temprano, acudirá presuroso a esos puestos de autoridad a ocuparlos y ejercerlos –con más o menos convicción, da igual.

Naturalmente ello exige no únicamente la cuestionabilidad de toda la masa estudiantil, sino el someter a tela de juicio el valor actual de la propia educación y de la Universidad.

La Universidad desde su formación entre la comunidad de alumnos y profesores de las escuelas catedralicias de París en el s. XIII funcionó como un instrumento de regularización del saber… el conocimiento –sea lo que eso sea, que ya tendremos que hablar de ello en otra ocasión- pasaba por las manos de la Universidad de París que rápidamente se hizo presa de intrigas politico-religiosas entre los dominicos y los agustinos. Convirtiéndose inmediatamente el brazo más importante para normalizar cualquier disputa teológica –que en el fondo siempre se trataba de una disputa política-, para que nuestros bienpensantes, averroístas e intelectuales no se nos salieran del rebaño…

De la misma manera, hoy día las empresas usan a su antojo a las universidades y a su pobre alumnado, lanzado al estudio a los jóvenes como un buitre se lanza a la carroña, es decir, como su única oportunidad de supervivencia en este régimen del dinero y de la muerte. En un alarde de simpatía con el sistema capitalista, las universidades más prestigiosas cuentan con bolsas de trabajo con las empresas más importantes para incitar a sus alumnos a comprar sus puestos. Esto es a pagar las importantes colegiaturas a cambio de ingresar, sin más tránsito –casi sin notarlo, como si en realidad nunca hubiesen salido del todo de la Universidad (y así vigilar que salga bien esa transición del vigilante-pedagogo al vigilante-supervisor, y no vaya a ser que se desmadre una parte del engranaje en el camino). Y los alumnos, agradecidos, agachan la cabeza y presumen que desde los veinte años hacia delante lo único que tienen que hacer es esperar tranquilamente la muerte.

Y en cuanto a las universidades públicas, parece ser que lo único de públicas que tienen es su bajo coste –esto es para permitir que las clases más o menos bajas, puedan tener la oportunidad (no ya de instruirse, porque, siendo sinceros cualquiera puede reconocer que el gran grueso de los estudiantes no les importa tanto su instrucción como su diploma), sino de ingresar y subir un peldaño más en la escala social y de seguridad.

El destino de toda enseñanza que pueda salir de las Universidad es por lo general apoyar y recrear la Realidad… justamente entre las aulas de los doctores de física, biología, psicología, etc. van saliendo los titulares y formulitas que van sosteniendo y repitiéndose como un hueco eco entre los periódicos y los titulares de los telediarios –los más importantes productores de Realidad en cuanto a volumen:

(¿cuántas veces no se ha visto esos preciosos titulares entre una matanza en
Palestina y un asalto de joyería, un titular que dice algo así como: «Los genes
determinan más los comportamientos sexuales en hombres que en mujeres; así es,
un estudio realizado en la Universidad de Tubuctú ha demostrado a partir de la
comparación genética entre hombres y mujeres que hay un gen que determina qué
posición le gusta más unos u a otros. El doctor Roy Azbanut nos explica: “Así
es, a los hombres en la línea 23 del desciframiento del código genético dice
claramente que les gusta como perrito, en cambio a las mujeres no hay por donde
agarrarlas.” En noticias locales una joyería de Vallecas fue ayer asaltada por
un grupo de 3 hombres encapuchados y armados que irrumpieron en el local y se
llevaron 300 euros de la caja y 1.000 euros más en bisutería de plástico. Los
hombres tenían acento latinoamericano.»? Si la escena les resulta familiar,
piensen: ¿para qué está insertado ese estudio ahí?, ¿para qué sirve?, ¿por qué
la Universidad de Tumbutctú se gasta el dinero pagando a Roy Azbanut para
averiguar si la preferencia de la posición sexual en el coito se halla en el
genoma humano? Sencillo: porque sí. Es francamente útil para la Realidad ir
llenando los espacios que faltan por encontrarse e ir tapiando todas las
salidas, fomentando la mentira de que lo que no hay nada que no se pueda
explicar.)


Por ello es absolutamente necesario que los estudiantes comprendan, que vayan al final del asunto… que no se queden en su NO a BOLONIA (tan loable y tan superficial al mismo tiempo) y que ahonden y escarben en las situaciones que ha convertido a eso que llaman ‘conocimiento’ –aunque a mí la palabra me de ganas de devolver- en un bien más dentro de la sociedad capitalista, en algo que puede hipotecarse, que puede cambiarse por dinero y es justamente de Dinero de lo único que se trata en el fondo de la Universidad. La Realidad está pidiendo que el estudio es únicamente un trance entre la vida, necesario para la liquidación absoluta de lo incierto, de lo indomable, de lo vivo que corre bajo las pieles de todos los niños y jóvenes… está diciendo que en el momento en que se deja de ser estudiante se le otorgará las mismas prerrogativas que hoy día sostienen los dirigentes políticos, los doctores académicos y los padres de familia; esto es: ejercer el terror en vez de sufrirlo.

Contra esto es contra lo que se tiene que rebelar, eso sí, poniendo freno a todas sus ofensivas, diciendo siempre NO. Y estando siempre en pie de guerra contra la Realidad, con todos y cada uno de sus representantes: escuelas, Universidades, Estados, bancas, periódicos, medios de formación de masas, y como no, los nombres también.

¡Salud!