Mostrando entradas con la etiqueta notas al margen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta notas al margen. Mostrar todas las entradas

martes, abril 20, 2010

Notas al margen: La locura de las máquinas

Estaba yo con mi hermano, la otra vez, en una cantinucha de mala muerte, cuando él, de pronto, sin venir a cuento, alzando puchero compungido como mal de amores, vino a quejarse, aterradamente, de mi sobrino de escasos tres años. Y me dijo: «Ay, Daniel, ya no sé que hacer, no sé… pero Fernandito no para de hacer las cosas más extrañas que yo haya visto. Nos tiene a mí y a tu cuñada pendiendo de un hilo, entre médicos, consultas, revistas de pediatría… no sé…»

Y en fin, tuve que sonsacarle la información que entra tanto lamento y autocompasión no se dignaba en soltar. Resultó pues que lo que Fernandito, el pedacito de cielo más gracioso que le ha salido nunca a chocho alguno, se ponía a coger el teléfono cuando no había nadie del otro lado de la línea y se ponía a hablar solo. «¡Pero no sólo habla! ¡No! Discute y todo… se inventa cada cosa, como si del otro lado alguien le estuviera respondiendo… ¡ay! ¡ay! ¡qué miedo! A ver si mi niño va estar medio loco…!» (Naturalmente esto no lo decía él, pero sus ojos y su seriedad me lo chillaban a la cara).

Yo, francamente, me puse triste. No por el hecho de que su padre estuviese tachando de loco a Fernandito, ni mucho menos porque creyera yo que Fernandito ya le iba germinando la semilla de la esquizofrenia… no, era porque me daba cuenta de que Fernandito ya estaba creciendo. Ya se estaba volviendo loquito como sus papás.

«Imbécil», le dije bastante molesto de que me tachara a mi sobrino favorito de loco, «¿no te das cuenta de que lo único que hace ese cielo que tienes por hijo es imitarte a ti, pedazo de baboso? Lo que está haciendo es simplemente aplicar el sentido común a ese aparato monstruoso y enloquecedor que es el teléfono… ¡el único loco eres tú por creer que hablar por teléfono es lo más natural del mundo y no cabe duda que estás enseñando a tu hijo, a que eso es lo natural!»

«¿No te acuerdas cuando nos sentábamos a poner el ATARI? ¿No te acuerdas de que esas máquinas de cachiporra estaban locas? ¡No te acuerdas ya! ¡Te parece de lo más normal y corriente que los ATARI funcionaran a hostias consagradas, a soplidos de cartuchos, a lametones de niños impacientes! ¿Te acuerdas que movíamos el cartucho de un lado al otro, buscando quién sabe qué mágica conexión para que se abriera el mundo virtual ante nuestra pantalla? Con nuestro sentido común, sabíamos que las máquinas pueden estar locas, que de repente les da por hacer lo que les sale de los cojones y uno tiene que apelar más a la religiosidad que a las chuminadas de los informáticos o ingenieros. Pero ahora tú vas de racional, de que todo tiene que tener un por qué, que el pobre Fernandito, está loquito, en ves de verte a ti durante un momento ante un teléfono, con la oreja pegada al vacío, ya ni siquiera sin cable, sin nada, como si esa voz estuviera viniendo de un más allá de quién sabe dónde. No, Fernandito lo que le pasa es que está aprendiendo la locura de las máquinas, no te preocupes… al final acabará como tú, tan cuerdo, tan hundido en esa normalidad de vivir rodeado de artificios extravagantes como si fuese la naturaleza misma.»

lunes, enero 04, 2010

Notas al margen: Drogas

No hay cosa de la que tengamos que tener más recelo y sospecha sino de aquello que tiene éxito. Da igual, qué sea… si un libro, una película, un producto para adelgazar o una refresco de cola. Si tiene éxito por lo general, y salvo contadas excepciones, es porque, naturalmente, ayuda a la Realidad a perpetuarse…

Y lo que no… por lo general es el éxito mismo y su traducción en la gracia Divina (por otro nombre llamado DINERO), el que acaba por matar lo vivo que pueda haber en aquella cosa que pudo haber nacido de una inquietud viva y clara.

Por ello no nos queda más remedio que desconfiar muy mucho de las drogas, de su éxito entre los jóvenes, de su consumo entre los cuerpos. No vamos a apelar aquí a las saludes, ni a las nutriciones –que por otro lado, también su éxito tienen y de alguna manera mantienen igualmente en cintura a la Realidad misma para que no se desbarajuste ni se desbarre demasiado, como parece querer estar haciéndolo a cada momento. No. Que al fin y al cabo, de esas estupideces sobre la salud abundan demasiadas por ahí para que aquí tengan lugar… y tan llena de falacias como la supuesta diversión y ocio a la que se aspira con la droga.

La falacia de la nutrición es prácticamente la misma que la de la droga: que el cuerpo es de uno. ¡De uno! Como si uno y su cuerpo no fueran la misma cosa y que hay otra cosa que puede decidir sobre su cuerpo y decir: «¡A partir del año 2010, dieta rigurosa!» o «Mañana dejo de fumar» o cualquiera de esas militarizaciones de la vida diaria. Que lo mismo dice: «Hasta que el cuerpo aguante» o «¡Viva la pepa! Ponme otra sangría, que el cuerpo lo pide», o rayitas e inyecciones, maría y hachís, todo circulando de aquí para allá junto con las drogas más o menos duras desde el alcohol hasta el LSD y toda la madre que lo parió.

Naturalmente… todo esto para que la fiesta no se venga al suelo en el mismo palmo de sus narices, para que no se vea, en un momento de claridad inesperada, que estar en una discoteca es un asqueroso tormento como pocos, donde el almita tiembla de la música estúpida que resuena para estupidizarse más y no escuchar el sentido común que el está diciendo: «Vaya trabajo este de divertirse». Y ahí está la rayita de coca, el porrito de maría, la sangría de alto octanaje, para suspender esa operación del sentido común definitivamente.

Para sumergir la cabeza de lleno en la mierda de la Realidad y pegar una bocanada de porquería y pasárselo en grande… ¿o no?

jueves, noviembre 26, 2009

Notas al Márgen: Arte

Un día el Gobierno Griego le pidió al Gobierno Británico:

«-Oye, toú, inglesito de ligeros dedos, endevuélveme joi frisous del Partenón.»

A lo que el Gobierno Británico hizo como que no escuchaba. Tosió y siguió embebiéndo su té. A lo cuál, un montón de muchachines (de toda Europa) e historiadores que se adueñaron de la indignación del Gobierno Griego y sacaron a pasear protestas por el exfolio realizado a la cultura madre de Europa cuando un montón de turcos nacionalistas ocupaba la bella perla del mediterráneo.

«-Les han robado su identidad cultural –dijo uno.

-Qué vergüenza que el gran patrimonio del Arte se halla preso y conseguido en el exfolio de una guerra –dijo otro.

-¡Qué inmoralidad! ¿Sostener el lujo de los museos a costa del saqueo y la rapiña? ¡Oh, qué venga Al Gore y que haga una película sobre esto!»

A lo que el Gobierno Británico volvió a carraspear y abrillantó sus uñas en la solapa de su chaqueta.

Ahora bien, lo que ni el Gobierno Británico ni el Gobierno Griego quería que nadie se enterase –y ahí entremetidos en la balumba, los niñatos también- es que no importa quién tenga el arte, la identidad o la cultura: ¡ésta sólo puede servir para someter al pueblo!

Porque ahí estaba el pueblo –que sí unos eran griegos y los otros ingleses, eso naiden lo puede ensaber-: que se alzaba de hombros y sonreía.

domingo, octubre 25, 2009

Notas al margen: No hay Dios

O lo que es lo mismo, no hay Bosón de Higgs. Ahorrémosle la molestia a nuestros físicos ginebrinos, repitamos: No hay Dios, y sintamos vibrar la alegría.

Si hay algo que llama la atención de este experimento eso es, sin duda, el ya descaro abierto con la que Ciencia quiere confundir a sus creyentes: se habla de Dios, se habla de encontrar la partícula que da su ser al resto de las cosas que son. El cúmulo primigenio de la Realidad, primer motor aristotélico, causa incausada aquinatense,…

Toda esta balumba, a pesar de que invita a la risa feroz, es algo bastante cruento y horripilante cuando se recuerda para lo que sirve. Esta máquina –cómo ya se dijo en su día en otras intervenciones de este ínclito blog- sólo sirve para eso, para sustentar durante un poco más la fe. Es evidente que los crédulos se quedarán como en Garabandal o en Les Coves de Vinromá, esperando el milagro mariano… y lo más terrible de todo es que seguramente los tullidos, los enfermos, rebosantes de fe –de la misma manera que lo hicieron en Castellón- se arrojen a las aguas fecales para suplir el milagro que no llega y saldrán empapados de mierda con la ilusión más renovada que nunca.

Lo peor es eso… que aunque la simplicidad del razonamiento dice: No hay Dios, lo que menos le importa a la fe es que los milagros lleguen o que los plazos se cumplan. Al fin y al cabo el verdadero cometido es la espera, la expectación, el relleno del tiempo vacío y del aburrimiento y sufrimiento de la Realidad: para eso y sólo eso sirven los milagros… y los experimentos de física.

domingo, septiembre 27, 2009

Notas al margen: Salvemos a los OVNIS

En la asquerosa vida que llevo he tenido que contemplar sacrilegios horripilantes: las ciudades vestidas de galas para los turistos, el continuo abandono de los medios de transporte útiles y eficaces como los ferrocarriles para gastarse los presupuestos en esas interminables carreteras de Dios en donde cientos de familias dejan la vida como un tributo de sangre al Divino Señor del Dinero, horrendos saqueos de tierras desconocidas, tristes sometimientos de fuerzas de ríos y de mares y cascadas para iluminar las tristes pantallas a las que nos sometemos, a la Huasteca me la hicieron parque ecológico, pero… ¡pero por lo menos que me dejen a los OVNIS! ¡Que los dejen en paz!

Ay, ay, ay, que cuando niño aún tenía la fortuna de pensar… de soñar… de dejar las noches enteras se fueran, se escaparan, delirando yo entre la vista de las incontables estrellas y soñar que ese resplandor podía haber sido, ¡algo! ¡Algo desconocido flotando en la bruma de mis locuras!

Ay, pero parece que ese divino consuelo de no-saber, se va haciendo cada vez más ‘real’ y por tanto una cosa más entre las cosas… Desclasificaciones militares, periodistas, y ese repugnante asedio de la Ciencia que no quiere dejar cosa sin someter a su régimen mortuorio de ser ‘cosa’ –y por tanto ser parte de Realidad-, van convirtiendo a ese delirio de mis noches sinsoñas en un evento más de la Historia, en un tránsito más en el quehacer de esta cordura enloquecida de las informaciones.

Yo, que había soñado con que por lo menos el mundo, la Luna –después de ese cuentito prehistórico (que ya adquiere tintas de relato bíblico) del alunizaje que Amstrong y cía. que ya se me había escurrido de la memoria-, y lo vacío del las estrellas se mantuvieran solas, desconocidas, como una puerta siempre abierta para el vuelo limpio de las imaginaciones… ¡ah, no! ¡Pero tenían que llegar los imbéciles de turno para seguir colonizando y agrandando estos falsos límites del Mundo! (Si ya hasta el vacío entre las estrellas lo tienen que hacer cosa –materia oscura- para seguir conociendo y abarcando la Totalidad): ¡Malditos! ¡Cerdos!

¡Salvad a los OVNIS! ¡Salvadlos! No creáis en las tonterías que os digan de ellos: están ahí, sí, ¿y qué pasa? No los hagáis parte de la Realidad, salvadlos por lo menos a ellos si no podemos salvar ni árboles ni mares ni a los vivos cuerpos de nuestros niños, por lo menos que ellos sigan vivos sin saberse…

sábado, agosto 22, 2009

Notas al margen: La inteligencia de los detergentes

Desde que los niños están en la cuna ya se nos empieza hablar de medir las inteligencias. Pasando por las aulas infernales de los colegios e institutos, aprenden, la lección y la asignación de un número a las inteligencias de cada cual.

Ya cuando a uno le dicen, que esto de la inteligencia es de más y de menos, de unos privilegiados y otros malditos y atontados, quizá pueda que empiece a sospechar que eso tiene que ser mentira –tan mentira como las gracias de Dios o las estupideces de los genetistas-... Pero cuando se atreven, los muy sin vergüenzas, a decir que un detergente o un lavavajillas puede ser ‘inteligente’, entonces ya uno no puede sino dejar de creer que esto de la inteligencia, tal y como nos las cuentan los poderes y los medios, sea cosa buena y útil para tener.

¿Cómo puede ser un detergente inteligente? ¡Ah, ya lo veo! Selecciona las manchas que tiene que eliminar, mientras deja y vivifica los colores oficiales de nuestra ropa… ¡sin duda que es digno de ver! Entre el tumulto y balumba del girar de las lavadoras, nuestro detergente se detiene y reflexiona: ¿Será esto una mancha o será la coloración verdadera de la ropa?

Si esto fuera un chiste, seguro muchos de nosotros nos reiríamos… y sin embargo… ¿no se escuchan estas estupideces a diario por la televisión…? ¡Y funcionan! ¡Computadoras, bombas, lavavajillas, controles remotos, todo puede ser, para nuestros publicitas, inteligente!

Da rabia y tristeza, que la Realidad confunda a todos y todas y nos quedemos tan anchos y a gusto escuchando tanta porquería… Pero ¿y qué es inteligencia? Eso se lo dejo al dueño de este blog, que a él le sabe mejor masturbarse mucho el seso con semejantes preguntas.

lunes, julio 20, 2009

Notas al margen: Los videojuegos y su doble

La leyenda del Polybius es la creación de un inconsciente colectivo que presiente que los videojuegos tienen un poder más que el del mero entretenimiento. Según esta conocida leyenda urbana, la CIA habría fabricado –junto con una empresa de videojuegos- una máquina que fue colocada en algunos bares y establecimientos estados de la Unión Americana, que provocaba ciertos comportamientos extraños en quienes jugaban con ella: pesadillas, ataques epilépticos, dolores de cabeza, depresión y en un caso, el suicidio.

Lo que se pretende con esta leyenda es decir lo que es obvio: los videojuegos alteran lo otro que está de este lado. Aunque no se trate, como así han querido hacer sentir algunos padres preocupados y presas sensacionalistas –a propósito de los asesinatos en masa- que afecten a las límpidas e inocentes mentes de nuestros niños, sino que afectan y construyen la Realidad.

La estupidez reinante ha querido ver –para expandir la confusión entre los términos- en los videojuegos un escape de la Realidad, una evasión a las formas más acuciantes y reales de la lógica. Sin embargo este error es fácilmente demostrable: el videojuego es más bien otra forma de suministrar y de constituir la propia Verdad de la Realidad –junto con los telediarios, la televisión y el resto de los medios de formación de masas-.

Los videojuegos son más reales que la realidad –entendiendo la realidad meramente como lo otro que está del otro lado de la pantalla (sin decir que es suma de cosas, aún)-; aunque esto es nada más que un juego de palabras. Los videojuegos, si queremos ser claros, son la Realidad misma en tanto que lo que cae del otro lado, donde están nuestros niños que los usan... es otra cosa.

Y esto se ve muy fácilmente: ya que los jueguitos estos funcionan con reglas y algoritmos y programas y chuminadas por el estilo que lo que quiere decir es que nunca se podrán saltar ni equivocar tales reglas. De esta manera un niño tiene muy claro que juntando cien moneditas de esas podrá comprar una vida. Que siempre hay una mejor arma que es más útil. Que haciendo determinados objetivos el prestigio sube y se va haciendo todo más sencillo. Se sube de nivel. Y hasta se puede ligar en videojuegos con niños y niñas más Reales –es decir, que funcionan con cuatro reglas simples y sencillas, como un mero cálculo matemático- que los que están del otro lado.

Este doble, que es lo que está aquí rozándonos la punta de los dedos mientras escribimos, eso es lo que es verdaderamente irreal, en donde, a pesar de cumplir todos los objetivos, la recompensa puede no darse. Donde el dinero no compra vida, donde, por bueno que seas no tienes asegurado subir de nivel. Ese doble raquítico que pretenden, sea Realidad, es (afortunadamente) falible.

De este lado, en el doble, los algoritmos no funcionan: no hay programa a seguir por las cosas porque no están cerradas. Y eso es el principal motivo por los que deberíamos alejar a nuestros niños de los videojuegos: no porque sean una salida de la Realidad, sino porque es la forma más directa de entrada para creer que su doble también es Real.

sábado, junio 27, 2009

Notas al márgen: El mar y los faros

Preocupado por el tema de la periodicidad, el autor de esta página, me ha pedido que le entregue algún artículo. Me remitió sus trabajos y me dio carta blanca. Sinceramente tanta fría cháchara no me gusta… Tanta metafísica…

El hombre teme al mar. Le teme, porque como todo lo temible, es mujer. A nadie le puede caber la duda de cuando se toca el mar, se toca el seno de una madre. Por todo ello, siempre ha sido necesario ponerle límites domarlo, someterlo, hacer la división –falsa como todas las demás- entre la tierra y el agua.

No es extraño que el faro más antiguo en funcionamiento sea la Torre de Hércules en A Coruña que data del s. II d. C… y aunque, hay otro más hacia el oeste, en Cabo Finisterre…, la importancia del puerto marítimo del Magnum Portum Artabrorum se imponía. La Torre de Hércules está señalando, más que una costa, el límite del mundo conocido.

De lo que se trata es de poner los límites bien claros.

Afortunadamente le hombre fracasa y fracasará siempre. Los diminutos faros (nótese la traslación fonética bastante evidente entre ‘faro’ y ‘falo’) como penes con toda su verticalidad y potencia, con ese fuego que brilla en la punta como un glande aceitoso, nunca pueden dominarlo.

El sometimiento del misterio de natura –ese secreto que bulle como misterio indescifrable dentro de todo lo que vive- a esta Realidad productora de objetos, conocimiento, basura y cosas muertas nunca puede ser total. Los barcos flotan no porque venzan ciertas leyes que Naturaleza les pone y que con maquinitas, faros, ingeniería náutica y artes de navegación, sino porque más bien acaso haya una diminuta pausa, un soplo de fresca brisa en la que la Mujer toma un respiro y permite a los barcos navegar, a los puertos florecer, a los faros iluminar, antes de que con una leve agitación, un espaviento involuntario, sin invocar ninguna fuerza ni ningún cometido, arrase con ese triste y patético límite marítimo.

El mundo no está pensado ni redondo ni se puede saber dónde empieza el mar. Y quien diga lo contrario miente.