
I'm Nobody! Who are you?
Are you - Nobody - Too'?
Then there's a pair of us?
Don't tell! they'd advertise - you know!
How deary - to be - Somebody!
How public - like a Frog -
To tell one's name - the livelong June -
To an admiring Bog!
(Emily Dickinson, Variorum edition, 288)
¡Soy Nadie! ¿Quién eres tú?
¿Tú eres – Nadie – también?
¿Entonces ya somos dos?
¡Calla! ¡Lo proclamarían – ya sabes!
¡Que aburrido – ser – Alguien!
¡Qué vulgar – como una Rana –
Decir nuestro nombre – todo el largo Junio –
A una Ciénaga que te admire!
¿Cómo se puede ser alguien? No ya sólo en la vida sino en el puro lenguaje que nos enuncia. Si mi boca dice: «Soy alguien», ¿no estará ya ella misma mintiendo? ¿Cómo va a saber la lengua que hay algo detrás que habla?
Y como ya lo dijimos una vez, esto del hacerse persona sólo puede ocurrir en la medida en que uno se contempla a sí mismo. Se logra básicamente con la trampa maledicente que dice que uno es el reflejo del espejo, cuando no puede haber nada más falso. Simple y sencillamente porque la vista no se puede ver a sí misma, tal y como el lenguaje no puede hablar de sí mismo.
Está ahí. Estamos ahí, o por lo menos eso parece. Pero de ahí a ser Alguien –alguien en el sentido de que sea uno, no que sea algo, ya que si es uno, necesariamente tendrá que ser él todo uno, impidiendo que así, dentro de sí se un simple algo-, hay una diferencia considerable.
Luego, ¿qué hay acá abajo? ¿Qué hay del otro lado de la Realidad? (Ese Ojo que esta observándolo todo desde lo Alto y que pretende que todos veamos con su mirada) ¿Qué hay aquí abajo? ¿Qué dice la boca cuando se sincera consigo mismo?
Soy Nadie, o lo que es lo mismo soy cualquiera o más lógicamente, si algo que no es uno. Y si hay algo de amargor en ese descubrimiento, no será nunca, eso lo puedo asegurar, debido a la suplica constante de la Realidad (de Dios) que pretende realizarse con furia entre los mortales, a base de pasaportes, cuentas bancarias, nóminas personales, currículos y números de identificación fiscal.