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martes, abril 01, 2014

Del nacimiento del mundo y de mí mismo



o que yo pueda asesinar un día
en mi alma, al despertar, esa persona
que me hizo el mundo mientras yo dormía.

(A. Machado)

Cuando me topé, la primera vez, con estos versitos en un librillo de Machado me quedé hechizado. Se trata, como después reconocería A. García Calvo, del terceto de un soneto incompleto. Pero lo que me fascinó, era el revés de la cosa que funcionaba como una bisagra de un lado y el otro, teniendo siempre sentido y siendo siempre el mismo.

Porque, dada cierta ambigüedad gramatical en la composición queda la duda de sí lo que se quiere es i) asesinar a la persona que hizo el mundo mientras yo dormía, o ii) en el desdoblamiento, hablar de sí mismo, y desear el asesinato de esa persona (que soy yo) y que el mundo hizo para mí mientras yo dormía.

Y en ello me devanaba el seso: ¿cuál posibilidad era o cuál era la correcta? Y sin parar mucho en conclusiones podía suponer que ambas eran buenas y válidas. Hasta que me di cuenta que son una y la misma posibilidad. Pues esa persona que hizo el mundo fui "Yo".

Hace poco, una niña de una decena y media de años dio con una fórmula mágica que me fascinó y no dejo de pensarla y decirla como un conjuro o mantra. Acertó a formular en un lenguaje tan llano y simple algo que yo andaba buscando a tientas en mis enrevesadas proposiciones y guerreo. Dijo: "No quiero tener noticias de mí, de esto que soy". Razonamiento más limpio y demoledor no vi antes. Y yo que alguna vez la llevé de la mano a las clases de piano y música, me sentí como un niño descubriendo una verdad milenaria de su boca.

¡No quiero tener noticias de mí!

El mundo este (que no es mas que la pura noticia del mundo, porque ya se sabe que plantas, cosas, materia, tierra viva y los gusanillos ciegos que en ella pululan no se puede saber nunca demasiado qué son sino por la noticia que de ellos se tenga) y yo mismo como parte del mundo (como caso de cosa) en nada me distingo de él. Soy el mundo, gracias a mí existe (no por el viejo solo ipse de los latinos, sino porque yo creo en él y creyendo en él, teniendo fe en que existe es como me aseguro de que yo mismo existo y soy parte de él). La persona que me hizo el mundo mientras yo dormía es precisamente yo. Edipo al cuadrado.

Y por ello quería yo traer esto de la noticia de mí. Del rehuir a aparecer en ese lenguaje ideado de la fotografía y de la noticia. Que mi nombre, que ni es mío ni me pertenece ni nombra nada de veras de acá del otro lado de ese (meta)lenguaje de la Realidad, lo digan como dicen un nombre vacío, sin identidad, sin sustancia.

Porque escaquearme de mí mismo y del mundo se logra en la guerra de no dejar de hacer cosas, sin enterarse mucho de lo que se hace. Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, que no sepa yo que tengo manos. Que no sepa nada de mí. ¡Ah, bendita la boca que lo dijo con tanta claridad! ¡No tener noticia de mí! 

Claro que eso no es quedarse sin recuerdos, ni masa, ni ánimos, ni lenguaje ni nada. Es simplemente negarse a convertir esos recuerdos, este cuerpo, estos ánimos y este lenguaje en serviles al mundo y su Realidad. Convertirlos en Historia, en Cuerpo Ejercitado, Fe para el futuro y Ciencia. 

Una rebelión tan furibunda y alegre. Ah, ¡claro! Solo podía habérsele ocurrido a una niña de 15 años.

Ah, y luego, cunado tiempo después de leer los versitos de Machado, me enteré de que García Calvo, precisamente a estos, les había compuesto el resto del soneto para dejarlo como: 

[Que ya no puedo más tal vez me digo,
cansado de esta guerra que en mi pecho
muevo contra mí mismo, y doy por hecho
que soy yo el que no puedo y yo el que sigo.

Pero ése no soy yo, y con mi enemigo
vivir no quiero sobre el mismo techo,
cielo falso, que él pinta (me sospecho)
para que yo aquí muera al par consigo.

No: que alguien me arranque esta corona
que me pusieron cuando aún crecía
y ya contra las sienes se me encona,]

o que yo pueda asesinar un día
en mi alma, al despertar, esa persona
que me hizo el mundo mientras yo dormía.

(A. García Calvo - A. Machado)

Acaso baste con no saber demasiado de mí mismo para que el mundo y Alejandro se mueran a la par de una estocada de desesperanza. ¡De firme y alegre desesperanza!

lunes, diciembre 22, 2008

Apostilla de la negación: desdibujar la realidad. De las diferencias entre idear y razonar.


Pensar el mundo es como hacerlo nuevo
de la sombra o la nada, desustanciado y frío.
Bueno es pensar, decolorir el huevo
universal, sorberlo hasta el vacío.

Pensar: borrar primero y dibujar después,
y quien borrar no sabe camina en cuatro pies.
Una neblina opaca confunde toda cosa:
el monte, el mar, el pino, el pájaro, la rosa.
Pitágoras alarga a Cartesius la mano.
Es la extensión sustancia del universo humano.
Y sobre el lienzo blanco o la pizarra oscura
se pinta, en blanco o negro, la cifra o la figura.
Yo pienso. (Un hombre arroja una traiña al mar
y la saca vacía; no ha logrado pescar.
"No tiene el pensamiento traíñas sino amarras,
las cosas obedecen al peso de las garras",
exclama, y luego dice: "Aunque las presas son,
lo mismo que las garras, pura figuración."
Sobre la blanca arena aparece un caimán,
que muerde ahincadamente el bronce de Kant.

Tus formas, tus principios y tus categorías,
redes que el mar escupe, enjuntas y vacías.
Kratilo ha sonreído y arrugado Zenón
el ceño, adivinando a M. de Bergson.
Puedes coger cenizas del fuego heraclitano,
mas no apuñar la onda que fluye con tu mano.
Vuestras retortas, sabios, sólo destilan heces.
¡Oh machacad zurrapas en vuestros almireces!
Medir las vivas aguas del mundio..., ¡desvarío!
Entre las dos agujas de tu compás va el río.
La realidad es la vida fugaz, funambulesca,
el cigarrón voltario, el pez que nadie pesca.
Si quieres saber algo del mar, vuelve otra vez,
un poco pescador y un tanto pez.
En la barra del puerto bate la marejada,
y todo el mar resuena como una carcajada.


Puerto de Santa María, 1915.



Este poema de Antonio Machado, (que aparece en Proverbios y cantares, ed. El País, 2003, p. 142.) nos cuenta y resume, mejor que cualquier otra exposición, mediada por cierto por esas oraciones declarativas de las que ya hablamos, la labor que habría que empezar a hacer y como hacerla contra las cosas que se nos dan en la Realidad. Nunca he conocido más tierno rodar de palabras que dijese que fuese el pensar y cómo se opone con fuerza al idear de la Realidad.

Porque, aunque la tentación de querer ver en este combate contra lo real, como una forma moderna -o superada, si se quiere- de lo racional y de la ciencia, es grande. Y que lo que se opone indistintamente a las Realidades, instituciones y poder, es el irracionalismo, las modas postmodernas, las vanguardias artísticas, los surrealismos, los dadaísmos, los nihilismos, etc.; todo ello es falso e incorrecto, y es justamente lo que la Realidad pretende.

Lo que la Realidad pretende, en última instancia, es hacer para sí todo elemento de pensamiento y reducirlo a una cosa más entre las cosas. Lo que verdaderamente se opone a esa intención no es renunciar a la racionalidad, sino evitar que esta se convierta en una cosa entre las cosas. Es decir, que el razonamiento no se vuelva idea.

Ya se nos está haciendo patente la diferencia entre pensar e idear, entre el razonar y esa otra operación que es hacer imágenes -imágenes que se dan como un todo en el tiempo- de las cosas. Y la diferencia está clara y sencilla: frente a quienes quieren ver que una operación de la razón, (2+2=4, por poner un ejemplo) es una operación entre ideas (la suma de 2 de las ideas de 2 entre ellas mismas, es igual a la idea de 4); nosotros decimos que la operación de la razón y las operaciones de las ideas no tienen nada que ver, que, de hecho, son antagonistas, que se contrapoenen claramente.

(Al ejemplo dado la cosa es sencilla. Dado un par de números cualesean no se puede jamás saber el resultado de la operación de la adición, como no sea que de hecho se haya realizado -que haya tomado en el tiempo su realización y su razonamiento hasta dar con la solución-, ni siquiera cuál de las respuestas sea válida y cuál incorrecta: así 2+2=4 es equivalente a 2+2=3+1 o 2+2=100-96. Sin embargo, los que quieren hacer que las operaciones de la aritmética y el resto de ciencias, como operaciones entre ideas, tienen que suponer que en el cuatro están ya contenidas todas las ideas en las que se puede desplegar la idea de '4' -y sus notas, en este caso, tendrían que ser infinitas- y ante la imposibilidad del despliegue de todas las ideas -'imágenes'- que podrían significar o equivaler a la idea de '4', tienen que acudir a una síntesis y abstracción, asegurando que es posible, aunque yo no veo como, que a partir de '4' se genere una sola idea que venga a posibilitar la enunciación de la sola deducción de '4=2+2', a saber: la idea de unidad. Y así '4=1+1+1+1', etc. Quien tenga la idea de unidad, que la diga.

En resúmen: que quieren hacer que la cosa que lleva su tiempo, su trabajo y su dedicación, se desprenda por sí sola, del solo hecho de pensarla. Sobra decir que lo único que hace esto es delimitar las posibles respuestas, solidificar sus límites y condenar la cosa -por ejemplo a los números- a ser los que son.)

Porque, como ya lo dice el poema: Pensar: borrar primero y dibujar después. Y aunque en este verso ya se nos presentan los dos movimientos clásicos del pensamiento -la crítica y la construcción- y aunque aquí nos importe bien poco el segundo (eso de seguir haciendo Realidad), no cabe duda que el maestro sevillano estuviese seguro de que lo más importante de todo en el pensar era el borrar (y quien borrar no sabe camina en cuatro pies), y ello porque las cosas de las que se componen la Realidad, son hechas gracias a un dibujo, un trazado y un límite que se le impone. Dibujo que quiere decir imágen, que quiere decir separación, línea, frontera, etc. Y como todo trazado no puede ser sino arbitrario, cifrado ya en eso que se dice en el primer fragmento textual -allá por el s. VI a. C.- que nos ha llegado de la filosofía: (el fragmento de Anaximandro DK 12 B 1, lo tomamos de Filósofos presocráticos, ed. Gredos, vol. I, 1978, trad. de Eggers Lan, C. y Juliá, V. -cambiamos lo infinito por lo sin fin-)
Anaximandro... dijo que el principio y elemento de todas las cosas es lo sin fin... Ahora bien, a partir de donde hay generación para las cosas, hacia allí se produce también la destrucción, según la necesidad; en efecto, pagan la culpa unas a otras y la reparación de la injusticia, según el ordenamiento del tiempo.
Y de ahí ya se puede saber: lo sin fin (ápeiron), en donde sólo puede entrar el límite (del gr., péras, de donde vienen también palabras como, perímetro o los consabidos Perí Phýseos -títulos genéricos de los primeros textos de filosofía, que literalmente se traducen Sobre la naturaleza, aunque slavando anacronismos, habríamos de traducir Sobre la Realidad, dadas las diferencias entre lo que un griego pensaría de la naturaleza y nosotros.), para ser lo que es, para llegar a la existencia. Entrar en el límite, ser dibujado, tener sus lados, sus determinaciones quiere decir ser hecho cosa; mientras que eso de ápeiron (sin fin o infinito, aunque para aclararnos la diferencia entre estas dos palabritas tendríamos que ocuparnos mucho tramo sobre Anaximandro y la filosofía presocrática a la que ahora no podemos ni debemos), esa nebilina opaca que confunde toda cosa: el monte, el pino, el mar, el pájaro la rosa; esa masa de cosas que no se saben si quiera si son cosas, porque no tienen límite ni trazado alguno que las determine, ni es nada que se pueda siquiera entender -como harían algunos peripatéticos- como una especie de materia prima, potencialidad pura; va tomando forma en la medida en que la metemos en cintura, en la medida en que vamos trazando límites y poniendo barreras a la cosa que no las tiene. Dibujando el contorno de un árbol y diciendo: "Esto es un pino", pretendiendo que en esa predicación vaya conjunta la cosa que dice: "Esto no es una rosa, ni el mar, ni un pájaro". Y así se van construyendo las 'imágenes' -las esencias, las ideas platónicas, las verdades, etc.- de los pájaros, las rosas, los pinos, etc. Y así las cosas se van haciendo y generando realidades...

Aunque, por más que Anaximandro fuera filósofo no fue tan ingenuo como para no darse cuenta que esas cosas que venían a ser, no lo eran por sí mismas, ni porque las cosas estaban así dadas; sino por un mandato cuasi-jurídico (táxis se puede traducir como mandato, pero también como ordenanza o sentencia) del Tiempo. (¿Algún deje de pena habrá en las palabras del milesio? Bastante difícil es saberlo si acaso ya se extrañaba, como Platón luego lo haría, de que las cosas no durarán para siempre... pero en fin, no estamos aquí por la labor de pensar a Anaximandro). ¿Qué hay pues en esa pretención de conocer la Realidad? Fácil: la necesidad de medirla, de separarla, de abstraerla.

Nada más alejado de nuestra labor por acá: que es desatarla, desliarla y ver como está construida sobre trazados y dibujos más bien burdos, falsos, raquíticos. (Aunque no por mejor trabada la cosa vendría a ser Verdadera). Aquí vamos a desmontarla y a admitir con la fidelidad y humildad necesaria que lo que se va moviendo allá abajo, (que algo se moverá, entre las aguas, pececes, ríos, árboles, corazones, nubes y demás) es necesariamente sin fin, y no llega uno a darse cuenta del todo el por qué de que las nubes no sean rosa ni las rosas sean yo.

Machado va por la misma labor de saber que eso que mete en sí mismas a las cosas no pueden ser sino garras así con su sonido político, agresivo... porque alguna agresión ha de haber a la cosa cuando se le manda que sea la que ella misma es. Y, sin pensarlo dos veces: aunque lo mismo que las garras son, lo mismo que las garras, pura figuración. ¡Maestro! Porque tampoco hay algo verdadero ahí que vayamos a liberar, aquí que nos afanamos por soltar las amarras, las redes, garras y ordenanzas de la Realidad, sino que ya al liberarnos nos damos cuenta que justamente las garras, los límites y las cateogrías, no eras sino las cosas ya dadas con sus límites y falsedades.

Así que borremos un poco la diferencia (entre el pez y el pescador) para a ver si de toda esa balumba algo queda que de veras esté diciendo algo con sentido común -aunque justa y únicamente la negación de la cosa, y la imposibilidad de arar en el mar... Por ello, por acá:

Negamos, no afirmamos. Razonamos, no ideamos. Soltamos, no amarramos. Desaprendemos, no aprendemos. Estamos en contra, nunca a favor. Destruimos, no construimos. Borramos, no dibujamos. Nuestro empeño ha de estar en dejar de entender la Realidad, en que de verdad nos parezca asombrosa, falsa: que se nos aparezca como es La Gigantesca Máquina de lo Natural, con todos los embrollos, falsedades y pasos al límite que se necesitan para que funcione como tal.

Así que, vamos contra las ganas de medir las vivas aguas del mundo... o en palabras de otro presocrático (Heráclito DK 22 B 57, tomada la traducción del vol. citado de Los filósofos presocráticos):
Maestro de muchos es Hesíodo: concideran que sabe muchas cosas éste, quien no conoció el día y la noche, pues son una sola cosa.