viernes, febrero 24, 2012

El triunfo de la muerte


Cuando estos huesos tuvieron, casi por casualidad, que pasearse entre las galerías del Museo Nacional del Prado, ya sabían la existencia de este cuadro por demás medio morboso de Brueghel. Así que cuando llegué a la galería de la pintura flamenca me quedé un rato viendo este cuadro e imaginando toda esa estética medievalista apocalíptica: los cartujos que entran danzando a rostizarse en las llamas mientras cantan loas al señor, las procesiones de penitentes que caminaban de un lado al otro de Alemania azotándose las espaldas gritando que el fin de este mundo pecador estaba cerca, los cadáveres olorosos de las brujas en los Países Bajos, la hediondez de las piras de muertos ardiendo consumidos por la lepra y la peste... y en fin, todas esas lindezas que parece que la modernidad se empeña en hacernos pensar del medievo, un poco por no tener nada que decir y otro tanto para hacernos creer que todo eso no eran más que supercherías de ignorantes y fanáticos.

Y claro, frente a ese cuadro y esta representación de las épocas, un no puede evitar la suspicacia. ¿No eran aquellas alegres canciones del Carmina Burana unas tonadas llegas de alegría y desenfado? ¡Mucho más que las taciturnas e idiotizadoras canciones de amor por el ideal o jolgorio para el beber que hoy padecemos en esta época moderna! Los goliardos no lo pasaron tan mal: In taberna quando sumus. Y aunque es verdad que los Carmina Burana ya se acercan al Renacimiento Carolingio, no es menos impensable que antes al pueblo -ese pueblo que no es nadie y que, por consiguiente, no entra en la Historia- no le debería de ir tan mal.
Y sin embargo, lo que nos queda es el miedo. ¡El miedo a la muerte! Ya no entraremos aquí en las consideraciones acerca de la propia muerte, sino sólo en su miedo... Aunque, nada más para dejarlo ahí, sacamos aquella frase de Epicuro que ahora mismo no recuerdo en qué fragmento está, de que a la muerte no se le tiene que tener miedo porque no es una cosa que le ocurra a uno. Creo que de estas lindezas ya hablamos en otra ocasión y no quiero dentenerme más en ello. Lo básico de la muerte es que sea siempre futura y que nunca llegue a su término. Basta con que tengamos esa idea fija de lo malo de la muerte para que la sarta de cartujos se lance al fuego o los penitentes ronden plañendo en las calles.

El trampantojo está montado independentemente de las épocas. Lo vivimos hoy mismos, que si crisis, que si narco, que si SIDA, que si banco. Y ustedes me disculparán que ultimamente esté hablando de casos concretos en este intento de desmontar la Realidad, cosa que ya me he pronunciado en contra. Porque cuando uno habla de casos concretos, tiende mucho a perder la perspectiva de lo general y la verdad uno patina mucho en cosas contingentes... valga la aclaración para decir que si nos valemos de verbigracias son únicamente en loor de su utilzación para mostrar lo que está pasando en todas las sociedades en mayor o menor medida, apuntalando estas u otras instituciones de la Realidad.

¡Y es que la muerte es la mayor institución de la Realidad! ¡La primera, si tomamos en cuenta que el tiempo cronológico prácticamente nace junto con la muerte misma!

Pero a lo que voy. Ha vuelto sobre la mesa este debate sobre la pena de muerte en los territorios de México, debido a los sucesos que acontecieron hace unos cuantos días en el penal estatal de Apodaca en Nuevo León. Informarse de las noticias es algo muy penoso, así que digamos que durante una jornada cualquiera, celadores y prisioneros decidieron exterminar a 44 reos de la banda contraria y después darse a la fuga. Los nombres, por ahora, son lo de menos. Que si gobernadores, que si directores penitenciarios, que si esto que si lo otro. La cuestión sorprendente es que ante estos sucesos la gente está a nada de celebrar la muerte de 44 personas simple y sencillamente por su noción de culpabilidad criminal.


Aunque ello tuviera su sentido, no vamos a meternos -aquí y ahora- a debatir qué sea eso de la culpabilidad criminal o cómo el Estado y Capital fundidos en una sola y única Realidad vienen a producir sistemáticamente criminales a través de sus leyes y sus administraciones. No. Vamos a saltarnos eso, porque aún nos distraería de a donde quiero ir.

Y sobre este clima de crispación, vuelve la burra al maíz, vuelve a estar sobre la palestra (no tanto en los medios, sino en el cruce de pláticas con el común) el tema de la pena de muerte. Y si tanto eco se oye entre la gente, ¿será porque realmente lo quieren? ¿Realmente quieren entregar al Estado (y un Estado completamente disfuncional) el poder para disponer de la vida de cualquiera según las legalidades burocráticas pertinentes? ¿Por qué íbamos a desear que el Estado tomara semejante decisión?

Independientemente de cuestiones morales, de quitar una vida, de matar, en suma. La pregunta es: ¿hasta es punto ha triunfado el miedo? Miedo que no es otra cosa que temor a la muerte. ¿Hasta ese punto ha llegado la propaganda y la exposición en los medios de las imágenes de terror? El telediario acaba cumpliendo las funciones de la fachada de una catedral o de este arte apocalíptico de Breugel: el de procurar el triunfo del miedo, que la gente tema de todo. Hasta de los prisioneros que están tras las rejas.

Y ahora planteamos la pregunta: ¿a qué le tememos? ¿A qué le tenemos miedo? ¿A la delincuencia? Pues parece que sí y parece que no. O mejor dicho, parece que el miedo a la delincuencia es sólo una caricatura monstruosa de un miedo del que los propios narcotraficantes, asaltantes y secuestradores son parte. ¿A qué le puede tener miedo un secuestrador? ¿Qué es lo que hace que funcione tan bien este sistema en dónde llega un punto en donde policías y criminales son absolutamente indistinguibles? ¿Qué es lo que nos hace tener miedo?

Al final, reponiendo a esas preguntas volvemos a esa cuestión que no debemos olvidar: la Realidad, por más que se presente en forma de asesinatos y secuestros y robos, no sigue siendo mas que una pura ilusión. Una ilusión sangrienta y violenta, pero una ilusión al fin.

¿No será una cosa accesoria pedirle al Capital y al Estado que nos den pena de muerte? Si al final todos estamos medio muertos y medio condenados. Entregados al trabajo o a cualquier otra actividad, el sustituto de vida acaba llevándoselo todo: las muertes violentas son algo que solo están ahí para distraer y horrorizar, haciendo creer que por no tener una muerte violenta o pobreza o drogadicción, tenemos una vida.

Si todo se trata de una ilusión, y como decía mi maestro: "El fin del mundo ya ha tenido lugar...", hay que decirlo claramente, la Realidad se construye gracias al miedo y luchando contra el miedo, es como se lucha contra ella.



domingo, enero 22, 2012

Luz


No sé bien qué sentido pueda tener esto de ir deshojando los días, ni por qué a la vuelta de un periplo orbital uno tenga que acordarse de las cosas que se hiceron hace justo un año. Me da sospecha aquí adentro, porque pareciera un poco de miedo a que esto que ocurre se muera de pronto. ¡Y el mejor remedio para que las cosas no se mueran es matarlas antes de que nazcan! Por eso se celebran cumpleaños y años nuevos y también aniversarios. Para asegurarse de que lo que está pasando ahora también es historia.

Pero lo que está pasando aquí no lo es, querida. No es historia. Y es por eso que ya me cuesta imaginar mi sueño sin tu abrazo, las horas sin tus palabras, al propio tiempo me cuesta entenderlo cuando estoy contigo. Por eso no estoy aquí por celebrar aniversarios ni nada por el estilo. Acaso aprovechar esto de las fechas para recordar que es acaso sólo el amor lo que nos salva del tiempo. No he encontrado mejor aliado que tú, mi amor, para siempre planear zafarranchos contra la Realidad. Es la gloria perderme en ti. Es cómo si de pronto pareciera que la guera se detuviera. Que por un momento acá en la tierra se abriera la posibilidad para que los dioses se manifestaran y aniquilen el tiempo.

Y es que entre mis manos ya te vuelves una masa de misterio. No hay sueño en el que no me pierda, no hay palabra que no la saborée y todo a tu lado simplemente se vuelve ese paraíso dónde no hay tiempo ni aniversarios ni nada por el estilo. Así todos se diluye para no perderse. Y la herida en vez de cerrarse se abre y siente, con cada gota, que estamos acá intentando sabotear la Realidad, cómo podemos, como nos demos a entender. De la mano. Eres mi Luz.

No estoy sentado aquí entre floridos sauces
ni tú frente a mí de caminando descalza
entre las corrientes del río y peñascales
blancos que bordean el lecho del agua.

No estás ni aquí ni allá, y tú bien lo sabes
ni yo aquí entre letras, ni carnes, ni versos,
ni en sueño, ni imagen, ni cuerpo, ni realidades,
ni flotando en mundo extraviado ni sitio ninguno.

Sino revueltos, perdidos entraguas del río que nace
allá en la honda y segura oscuridad de tierra,
en lo alto de la nube y de la lluvia que cae
mezclada con garzas y sapos y pechiamarillos.

Somos este río que va bajando sin cause,
el cuarzo de la piedra, las trenzadas raíces,
la urraca que juega, el ventanuco de cárcel
que ofrece al que está el índigo cielo sin fin.

Somos puños preñados de caricias amantes,
nutrientes laboriosos secretos de la humedad,
argentina luna borracha entre brujas danzantes,
somos, amor, lo que se cae, lo que no está.

Currucas silvestres, martínes pescadores brillantes,
tres mil recios abedules volcados al éter,
la paz de desiertas ciudades primaverales,
estamos en lo que no se sostiene, lo que no es.

Tu cuerpo tocado de finas aristas llameantes
que juegan en límites con geometría imposible
y con tus bellos ojos amables y tu sonrisa salvaje
mandas al olvido todo lo que pensaba que era.

Y es este alegre beso infinito el que lo hace
sentir, pensar que el tiempo se queda
aquí y que de aquí nunca se vaya, nunca pase
esto que pasa y se queda ni estando ni siendo.

Porque ni yo estoy aquí entre floridos sauces,
ni tú estás ahí frente a mí en dónde el río nace.


(Él es Chicho)

domingo, enero 15, 2012

Minima moralia: Esterilización animal



Baudrillard asegura que la esterilzación de la mascota es el punto culminante de la objetualización de la mascota. Es la mascota perfecta liberada hasta de su sexualidad y por tanto era una forma de llevar hasta su última consecuencia la realidad del capitalismo: reducir a todo lo que hay a objetos de consumo. Acaso como aquellas cucarachitas atadas a borchecitos de oro o la leyenda urbana de los bonzai-kittens. (Cfr. Baudrillard, Sistema de los objetos).

Sin embargo, el análisis del francés se centra únicamente en las relaciones amo-animal y no viéndola desde una perspectiva más amplia entre la relación mercado-crianza y ciudad-animal. Lo que ha ocurrido, (y esta es la verdadera cumbre del capitalismo), es que se ha reducido al animal, no un objeto de consumo, sino a un medio de producción. O lo que es lo mismo, a la crianza indiscriminada y sobre oferta, en cualquier ciudad del mundo, de compra-venta de animales.

La necesidad de esterilizar a los animales no yace en liberarlos de su sexualidad y así tranquilizar la inquietud de un objeto sexuado merodeando nuestro patio o nuestro salón; sino de imposibilitar su reproducción y con él, la del sistema capitalista mismo.

(Huelga decir que estas mismas palabras que se dicen de los animales, deberían repetirse sin cambio alguno, para las personas. Ya que, exactamente igual que los perros únicamente nacen para perpetuar la sinrazón de la compra-venta completamente innecesaria, los hombres nacen, no ya como personas, sino como mero potencial de mano de obra desocupada).

Por otro lado, la sexualidad en una sociedad latina no resulta perturbadora, sino todo lo contrario. La negación a la castración del animal no obedece sino al temor del propio amo a estar castrándose a sí mismo. La unión entre el animal y el amo presupone la sensación de que, al castrar a su animal, se está perpetrando alguna suerte de villanía en contra de la naturaleza.

Claro que, contradictoriamente, no debe parecele abominación alguna la caza, búsqueda, captura y sacrificio sistemático de miles y miles de animales año con año en todas las ciudades del mundo con los métodos más económicos posibles. Ante este holocausto animal los testículos del amo no corren riesgo. Todo lo contrario: parecen autoafirmarse en la medida en que igual que pueden procurar la vida a través de la crianza sistematizada, pueden procurar la muerte con cables pelados para la electrochoque en serie de perros y gatos.

La sexualización de los animales está ya presupuesta en el método de elección del amo. En Nuevo Laredo, el 80% de los animales recogidos de la calle por los centros antirábicos son hembras. La propia noción de que una perra lo único que hará será embrazarse y por ello generar indiscriminadamente animales no es más que la otra cara de la moneda. Quién acepta a las perras es porque, sistemáticamente, las va a poner a parir.

Habrá que mandar este mensaje tranquilizador a los amos. Esterilizar a su perro no los hará estériles a ustedes. Esterilzar a un perro, evitar que más perros nazcan, lo único que hara será producir oportunidades de lo único que merece la pena producir en el sistema capitalista: la posibilidad de que ocurra algo que no está contemplado.

O lo que es lo mismo, que se trastoquen las leyes de la oferta y la demanda. Que no se pueda comerciar más con los animales y que realmente fuesen tratados como lo que son: cosas absolutamente nuevas. No objetos de serie. No esa especie de eugenesia enfermiza de las razas ultrapuras, sino a la sensación de que el animal se conecta, fibra a fibra, con cualquiera del resto de cosas. Con usted, por ejemplo.

Lo mismo con los humanos. ¡Si tan sólo le dieran la oportunidad a su hijo de no nacer! ¿Quién sabe? Quizá realmente llegaría a disfrutar de la niñez del resto de los niños que ya pululan por el mundo.

No favorezca la cría: adopte, esterilice.


jueves, diciembre 15, 2011

Democracia: Ciudadanos v.s. pueblo

Que se queden con ese palabro tan feo y tan asquerosito, me refiero a eso de ciudadanos. Que se lo queden.

Parece que se a adoptado este nuevo palabro tan mediatizado por los mandamases en sus discursos para diferenciar al "ciudadano" del "pueblo". Ah, qué operación tan macabra. Porque claro: pueblo es cualquiera y es nadie. Pueblo es lo de abajo, lo rebelde, lo que no se puede dominar ni contar, ni dividir, ni dirigir, ni gobernar.

En cambio, el ciudadano... A ese pelele se le gobierna con el dedito, con cuatro pastiches de basura que se le ofrecen a cambio de un voto simbólico y la entrega de la soberanía (Uy, perdonen la pedrada de decir "soberanía" y no decir qué pienso que no es, pero ya habrá otros días o eso creo). El ciudadano es un mierda, porque esa es su condición primera: la de ser el depositario ontológico del miedo al quehacer político, de ser el mezquino resultado de un pastiche capitalista, un individuo económico, un engrane en el sistema.

A eso han reducido al pueblo: a la llamada "participación ciudadana" a que voten, a que consuman, a que paguen sus impuestos y que como un grado desefrenado de la loquera liberalista y magnánima de su gobierno, se les permita, de vez en cuando, que salgan con sus pancarititas a la calle a pedirle, como una malquerida esposa le suplica a su todopotente esposo, que no le gusta aquello, que quiere más de esto, que por favor le deje más para los gastos.

El ciudadano no puede ser más que reaccionario contra el pueblo. ¡Eso es lo macabro del sistema democrático! Que funciona en la medida en que convierte al pueblo -a la masa de gente sin mayor particularidad que la de estar por ahí vagando y hablando- en personas con apellidos, con credenciales de identificacion, cuentas de nómina, carritos a su nombre, historial crediticio, etc., y la tiranía ya está levantada por sus propios súbidtos.

¿O qué? ¿Nunca se han sorprendido a sí mismos temerosos de que la Bolsa de Valores se desplome a pesar de no tener ninguna clase de inversión en el mercado? ¿O al vecino que se congratula de que a los estudiantes que se manifiestan les van a dar duro con la cachiporra en la cabeza? ¿O el trabajador que aplaude las disoluciones de las huelgas?

Sí, es un espectáculo tristísimo. El hecho de haber reducido la política a la economía. La ciudad a la casa. La pólis -política- a la oikós -la casa-. La política es del pueblo. La economía es para los individuos... o ciudadanos, que para el caso es lo mismo.

No sean ciudadanos, no sean dóciles. Hay que hablar públicamente siempre en cuanto docto, como diría Kant. O, quitándo jerga, hay que hablar como si uno no fuese uno, sino otro, como si fuera cualquiera y nadie.

Porque el pueblo no puede tener autos o defender sus gasolineras o sus careteras. Todo ciudadano es reaccionario y quiere aplastar al pueblo por esas raquíticas conseciones que la Realidad y sus Estados otorgan a quienes cooperan con él.

Evidentemente esto que comento en general es por lo que se vivió en particular en Ayotzinapa. Que el hecho es delesznable e indescriptible es algo que a duras penas se puede expresar. Pero el hecho de que mucha ciudadanía a tu alrededor empieza explicarse con cosas como "Pues sí, matar está mal, pero...", "Deberían estar estudiando", "Es vandalismo y terrorismo...", "La violencia engendra violencia, ¿qué esperaban?", "Hay medios pacíficos para la expresión..." y un largo y penoso ecétera.

He ahí la transformación de pueblo en masa, de gente en ciudadanos, de ojos en rating televisivo, de palabra en consigna, de razón en idea: la fusión del gobierno y el gobernado en uno sólo: La democracia. Este régimen que hasta hoy seguimos padeciendo.


lunes, diciembre 12, 2011

Contra la democracia

Quieren que nos contemos. Quieren timarnos una vez más. Quieren que nos miremos a la cara y lancemos una moneda al aire, y lo peor: quieren que creamos que es nuestra decisión.

Decida usted: Vote.

¿Y qué podemos hacer? Decir aquél refrán viejo español de «A falta de hombres buenos, hicieron á mi padre Alcalde».

Y aunque aquí no encontrarán adhesiones ni partidistas ni de candidato ninguno, lo cierto es que no podemos dejar que gane la tele. Así sin más. No puede ganar la tele. Es imperativo que, cueste lo que cueste, no gane la tele. Porque entonces sí, ya valió madre, lo que costaría meterle del diente a pareja tan perfecta hecha a base de Estado-Capital-Tele, todo mezclado y sin diferencias para crear una especie de organismo totalitario que en triada nos meta sus discursos sin doblez ni reparo ninguno.

¿Usted se deja contar, pregunto yo? ¿Seremos tan imbéciles como para dejar que nos conviertan en un numerito y nos hagan decidir? ¡Escoge tu yugo! ¡Escoge tu yogur!

Porque parece que ya entendieron los de arriba que en la democracia, la política y los políticos son lo mismo que cualquier producto barato del capital. Que da exactamente lo mismo que tan bueno o que tan malo sea, sino que lo que importa, es que lo aparente. ¡Nunca el maquiavelismo había sido tan poco maquiavélico! O lo que es lo mismo, nunca lo vacío del príncipe había estado tan expuesto, tan expuesto que no hay absolutamente nada detrás de los políticos sino el discruso constante de los medios de formación de masas!

Dicen que no hay esperanza. Que los dados ya están lanzados y no podemos más que asistir a la realización de lo que pactan las encuestas pagadas de la tele.

¡Y sin embargo la solución estan seniclla! ¡Y está tan al alcance de la mano! Tan al alcance de nuestro control remoto!

Supongo que recuerdan aquel cuento en que un Rey de oriente quería lucir, en un desfile, el mejor traje que jamás pudieron haber confeccionado. Y ningun hilo ni seda le acababan de gustar. Hasta que un astuto comerciante le aseguró que el tenía la tela más bella de todas... Una tela invisible que, sin embargo, supo vender tan bien con tantos halagos y bellas palabras, que no pudo menos que encantar al Rey y a la corte entera. Y ahí tenemos al Rey encuerado, caminando al frente del desfile, mientras toda su corte y plebe aplaudian tan bello traje.

Y no podía ser mas que un niño el que descubirera lo que ya todo el mundo sabía: Y es que el Rey está desnudo, mucho copete, pero completamente desnudo. Eso ya todos lo saben: y hasta de exponen en revistuchas de intelectualoides mercenarios para ver de qué manera se puede disimular esa desnudez del candidato. ¿Cómo disimular mejor? ¿Cómo mentir mejor? Esa es la cuestión a debatir en el régimen partidisto-democrática que padecemos.

¿Qué hacer contra este régimen democrático tan poderoso y a la vez tan endeble e inmaterial como un espectro de banda televisiva? ¡Es tan sencillo! Apague la tele. Dejemos de ver al Rey desnudo. Si el momento llega de votar contra la tele, se hace sin mayor espaviento. Pero eso que se presenta tan brutal en forma de encuestas pagadas, lo único que necesita es que se les ignore. Que se diga: "El precandidato está desnudo". Y se apague la tele, se cierre el periódico, se quite de en medio a tanta corte pagada y a dedicarse a otras cosas que hacen menos daño y sin duda son mas importantes que recordar lo obvio.

A la otra nos ocupamos de cuestiones más metafísicas, que no dejan de ser importantes, de cómo no se pueden contar a la gente, ni al pueblo y que todo régimen democrático se asienta sobre bases aritméticas equivocadas. Por ahora es suficiente.

sábado, julio 02, 2011

Ecologías


Hemos dicho y repetimos que eso de fijarnos en cosas particulares muchas veces nos hace perder la noción y el norte de esta guerra. Por eso, aunque el día a día no inunda de nombres, situaciones que más o menos nos incitan al comentario, aún así procuro no soltar demasiado la rienda y acercarnos a la particularidad.

La razón es muy simple. Las particularidades más atroces siempre son descendientes directas de la fe más ramplona y absurda. Luchar contra la particularidad se vuelve farragoso y se presta a vericuetos sin final. La guerra no se libra ahí –aunque alguna que otra escaramuza sea necesaria. Sino que lo que verdaderamente hay que atacar –y la palabra aquí siempre es la mejor arma- es la fe de las personas. La fe en los ideales.

Bueno y con ello quería presentarles el caso ya tan traído y tan manoseado de ese estadiuco barato que se quieren fabricar en uno de los últimos reductos de verde que a duras penas se ha mantenido en las riberas del río La Silla. Las notas de prensa local pueden ponerlos un poco al tanto de las empresas en litigio, de las chupatintas alcahuetas y las burocracias religiosas que solamente están haciéndola de emoción de algo que sabemos que se hará.

Más allá de que el destino de esa tierra viva, sombreada, verde y nutritiva esté tan echado y condenado como están las vidas pensionadas de todos los directivos de la empresucha de malos alcoholes que promueve la edificación, me gustaría hablar de lo que está empapando todos los cruces de argumentos de a favor y en contra.

Y es que la tan traída y llevada ecología que está en boca de todos no deja de andar haciéndome ruido y molestarme. Porque me pregunto cómo es que uno y otro organismo, los que quieren la Gran Cantina para seguir adorando a ese montón de estrellitas paliduchas o las que pretenden hacer la Conservación de los arbolitos como Bienes Públicos –el nombre simplemente me aterroriza-, utilizan los mismos argumentos. Salpicados de algún que otro matiz, pero siempre se utiliza todo para lo mismo.

Porque eso de llamar ‘bien público’ a los arbolitos o pajarillos me suena tan a muerte. Lo mismo que llamarlo pulmón vital o último rincón para que lo animalillos se replieguen. Lo mismo que llamarlos recursos naturales, paisajes bonitos o incluso naturaleza en el sentido científico. Todo ello me da la misma peste que los del otro lado que llegan con sus topógrafos a medir los cerros, riberas y árboles, partiendo, con escuadra en mano los ríos, laderas y calveros, con la excusa de dineros y dineros.

¿No es exactamente lo mismo? Si ya esta infame empresa de Meados Embotellados –porque si por lo menos hicieran buena cerveza-, ha prometido destinar decenas de millones de pesos para replantación de árboles en quién sabe dónde. Y será justamente un organismo ecologico el que acabe firmando la sentencia de muerte de esos árboles. ¿No le parece a usted que hablar de conservación es hacer exactamente lo mismo que meter retroexcavadoras y construir Santos Templos del Mear o Santuarios de Abominable Compra? ¿No le parece usted que suponer que las especies de animalillos y arbolillos que están, por obra y gracia de los hados, encerrados en esa cuadrícula amurallada para que los conservemos y los salvemos, un acto de la más vil y ruin de las presunciones?

Es decir, que los árboles son cosas útiles a la Realidad. Que La Pastora es un pulmón que justamente sostiene el revés de hormigón y humo industrial que es el resto de la ciudad. Terror me da pensar eso. Que lo bueno que tienen los árboles es que se asemejan a los estadios en utilidad y progreso, en beneficio monetario a largo plazo, etc.

Las protestas de nuestros amigos, con las que necesariamente tenemos que simpatizar, aunque no estemos de acuerdo, porque es necesario, sea como sea, decir que NO a ese repugnante monstruo –otro repugnante monstruo, como si no fuera suficiente la Torre aquella que tantos periodicazos produce, o la basura de edificios que llena todo el centro de la ciudad, las moles olvidadas del estadio de béisbol o las plazas de toros que se caen a pedazos-, sea donde sea que lo quieran poner; y sin embargo, sus protestas son tan quedas, tan condescendientes con la basura que por todos lados nos quieren vender.

No sé si lo sienten ustedes, tanto los que viven en esta ciudad particular, como los que viven en cualquier otra (ya que todos siempre son espejos de otra Gran Ciudad). Que hay una especie de mandato de destruirlo todo. Y lo que me preocupa de estas protestas es que sean tan dóciles a lo que se les ofrece. «Sí al Estadio, pero en otro lado.» Dicen.

Y bueno, ¿qué le queda a uno? Son esos movimientos que están tan condescendientes al poder, como una esposa malquerida que haciéndose del rogar y con reproches más o menos condescendientes, le v pidiendo a su Señor que deje de hacer tanto el idiota y que…

Bueno, ¿qué se le va a hacer? Apoyo. Apoyemos al NO al Estadio. Siempre y cuando recordemos con claridad que 1) La Pastora, ni árbol ninguno está ahí para ser pulmón de usted, de mí y mucho menos de esta Gomorra Industrial de sol, cerveza y fútbol, 2) la ecología y todas sus formas son más bien chivos expiatorios para seguir haciendo la misma mierda una y otra vez, de ordenar la explotación.

No al estadio. Ni ahí, ni en ningún otro lado. Y de hecho, también deberían demoler los que ya están. Y la torre aquella también. Y ya que estamos, ¿nunca se les había ocurrido a ustedes tirar uno a uno esos anuncios de publicidad de chorrocientos metros? ¿Y carros? ¿Y banquetas? ¿Y no se les hace agua la boca de imaginar que de pronto la Pastora se desborde? No que la conservemos… sino que los árboles de puro crecer se vayan llevando este oasis de concreto y cristal y lo vayan empujando poquito a poco al olvido y así esta ciudad de Monterrey, Guadalupe, San Pedro, todo se vaya cayendo al olvido y de esta manera no necesitemos estadios de fútbol para matar el aburrimiento y defender colores de algo que no hay y quién sabe… por lo menos no tengamos tanto calor este verano que falta y a la sombra de algún sauce olvidemos por fin esa fe estúpida de que el Hombre tiene ese deber patriótico de someter a la naturaleza –convirtiéndola en Estadios de Fútbol para un equipillo de quinta o para conservarla y clasificarla-.

Una cosa no va sin la otra. Así que, adiós ecologías, adiós estadios.