martes, diciembre 16, 2008

De la negación y la realidad: hablando de lo real.

Ahora que ya nos hemos, usted y yo, embarcado en esta extraña tarea que es hablar contra la Realidad, ya se nos hace patente que se nos presentarán muchas y muy variadas complicaciones, antes siquiera de empezar a hablar contra ella. Al fin y al cabo, en este rodar de los discursos sobre ella, ya hay muchas y muy variadas trampas, pasos al límite, axiomas, principios, etc. que nos obligan a retrasar la salida y a detenernos constantemente a revisar qué estamos diciendo contra ella... (como por ejemplo, ¿quién habla en contra de la realidad?, ¿la negación ya comporta una afirmación?, ¿qué es la Realidad?, etc.), para ello nos detendremos tanto como sea necesario antes de denunciarla...

Por lo que respecta a la negación: hay que hacer ciertas aclaraciones respecto de cómo negar la realidad. El motivo es bien sencillo; que antes del hablar, de la negación de la cosa, ya se nos presuponen ciertas reglas -de índole puramente 'Real'- que pretenden hacernos algunas jugarretas con la negación y la afirmación y sus respectivas consecuencias. Me refiero, en particular, a los principios de la lógica: Principio de No-contradicción (a saber: que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo) y el Principio del Tercio excluso (a saber: que una cosa dicha -es decir, siguiendo el modelo de 'decir' como un enunciado declarativo-, o es falso o es verdadero; de lo que se sigue que si es verdadero no puede ser falso y si es falso, es verdadero en algún sentido). Y que en palabras más simples viene simplemente a significar que: cada vez que se niega algo, se está afirmando otra cosa por lo bajo.

Y dado que ya se dijo que estas máquinas contra la realidad no están para reformarla, perfeccionarla, criticarla y reemplazarla (ya que eso es seguir 'haciendo' la realidad) habría que deternos para explicar de qué manera es que esa negación actúa para que no se produzcan más realidades. Así que, para quien pretenda decir que ir contra la realidad es el principio de lo que comunmente se conoce como "idealismo" le valdrá este pequeño manual sobre la negación y las maneras de decir de la Realidad.

Para ello nos valdremos de la explicación de Agustín García Calvo (puesto que no aspiro a poder superarlo en claridad, consición y cristalina siplicidad y netitud a la ora de ponerlo por escrito), de sus Lecturas Presocráticas I, ed. Lucina, 1981 [2001], prf. 90, p. 68-69.

Mas querría que no olvidáras un momento desde ahora que la negación tiene dos modos contrapuestos de ejercerse: si se dice "La Quimera no tiene ojos de gato", en el tono y con el sentido de decir
lo único que tal acción intenta es que el NO rompa el efecto de la prediccación previa, o que se da por hecha, "La Quimera tiene ojos de gato", y tal acción negativa podría glosarse con otras como "No es verdad que", "Nunca debió decirse qué", "No hay derecho ni fundamento para decir que", "No se sabe que la Quimera tenga ojos de gato"; pero siempre el Poder está empujando a que la negación se inserte o se incluya en el curso de la predicación, y que, aparentemente la misma, "La Quimera no tiene ojos de gato", se diga y oiga en el sentido de

con un verbo, por así decir, "no-tiene", esto es, "carece de", que impone sobre la Quimera una determinación, si no tan positiva, positiva igual que la de tener ojos de gato.Y así mismo, si se dice no hay quimeras como

ello no implica sino ello mismo, es decir que no es verdad (en el sentido, por cierto, de
que haya Quimeras, por más que constanemente el Poder insita en que ello automáticamente se entienda como

en el sentido de que sea verdad que no hay Quimeras, cosa que, por el hecho de que no sea verdad que haya Quimeras no tiene por qué ser verdad.

Este delicado y suncito resúmen que hace Calvo debe servirnos de metodología para el uso de las máquinas. Y así cada vez que digamos: "No hay ser", no querra decir: "Es verdad que no hay ser" -porque, para el caso, el concepto de la Verdad y el Ser se están tan entremezclados el uno con el otro, que, este último enunciado, se podría glosar con la contradicción: "El ser de las cosas es que no hay ser"-. Ello quiere decir que cuando se niegue la Realidad no estaremos (por más que así se intente siempre y se haga siempre ese amago tramposo de recomponer la Realidad) afirmando ninguna otra Realidad, ni más arriba ni más abajo de la que ya hay y nos pesa sobre los lomos. Así que quitemos de enmedio esas connotaciones ontó-logico-lógicas.

Que siendo lo más resumidos posibles se dirá: Que no vamos aquí a seguir predicando de la Realidad, a seguir contándola y liando Sujeto con Predicado, sino desliando, desatando y viendo de que manera el uno con el otro no pueden cazar como quiere que haga la ciencia.

Porque, y ahora que ya hemos entrado en el tema, tenemos que suponer -y esta es otra indicación de Calvo- que si queremos hacer algo así como un estudio de lo que hay, no debemos suponer siquiera esas directrices escolares de que "lo que es, es y lo que no es, no es", por lo menos debemos conceder a esto que hay en el mundo el beneficio de no saber de antemano de qué se trate, ni aún siquiera de suponer su estructura lógica. Y ante ello, reeinscribirnos en la intención de que hay que deshacerse de la Realidad, más que contribuir a perfeccionarla.

Queda, por lo pronto qué sea eso de "hablar de la realidad" no puede ser cualquier cosa, ni cualquier hablar. Sino, ya lo decía Aristóteles, un particular hablar en que incluye a todas las oraciones predicativas (declarativas, o "de decir"), que se componen con la cópula simple de Sujeto-Predicado. Ante ellas, como afriman los lógicos, cabe decir si son verdaderas o falsas, si son o no son, si dan cuenta de lo que hay o no lo hacen. Esto no es algo que incumba sólo a los lógicos, ya se sabe, sino que de ello dependen las proposiciones de toda la ciencia entera, desde las especulaciones de la física y la matemática, hasta los malabares de la psicología, la teología y la metafísica. No nos ocuparemos aquí, ni mucho menos, de resolverlos, sino de desenmascararlos.

Hay que decir, ante todo una cosa obvia: que el mundo está mudo. Este descubrimiento, que tiene que serlo para cualquiera que se dedique a investigar con sinceridad a lo que hay, tiene que parecerle esto un golpe terrible. Pese a Wittgenstein (que pretende que la estructura lógica del mundo y los hechos del mundo se den de una manera idéntica) y a los griegos que decían con don Parménides (DK 2, 3 y 6, seguímos la versión de García Calvo en las Lecturas presocráticas I ya citadas, v. 42-46, p. 199-200):

pues ni podrás lo que no es conocer (que es vano el intento)
ni en ello pensar. Pues es concebirlo lo mismo que serlo.
Ser debe el decir y saber siendo algo: pues cabe así serlo;
mas, sin ser algo, no cabe; lo cual meditar te aconsejo.

Y si de esa mudez partimos, contra Parménides y los hacedores de Realidad, no puede menos que apercibirnos que todo lo que se ha dicho de lo que hay, y que por lo pronto tiene un peso jurídico y político enorme, es tan falso y tan horriblemente castrante como lo que más. Porque es importante decir cómo es que "concebirlo" no puede ser lo mismo que serlo (autó noeîn estín te kaì eînai) para descubir de qué manera las cosas hablan y de qué manera están mudas.

Ahora bien, los nombres nos sobran y ya algunos, porque alguno, llevandose las manos a la cabeza, dirá: "¡Nihilismo militante!" Pero esto es parte de la trampa que ya venimos diciendo (porque, ya dice el mismo principio de no-contradicción -y sus corolarios- que si estamos contra la Realidad -y la Realidad es todo lo que hay- pues con la nada nos habríamos de quedar), porque si bien decimos que el mundo está en silencio -y no en silencio del todo, sino que lo que particularmente, pertinaz y obsecado, calla es justamente esas oraciones declarativas de las que Aristóteles dervió sus teorías del silogismo y que componen las oraciones de la ciencia-; hay mundo y de eso no nos cabe duda. Las cosas están ahí, pero no son Verdad, porque la Verdad, tal y como se entiende tiene que tener ciertos atributos de los que quizá nos ocuparemos en otra ocación.

Para discutir esto acudamos a Ret Marut (posible seudónimo de B. Traven) que publicase un extraño tratado de Física/artimética/lógica titulado La destrucción de nuestro sistema del mundo por la curva de Mar allá por los veinte del siglo pasado. Citamos la traducción de Luis Andrés Bredlow, ed. Lucina, 2001, prf. 2, p. 17-18).

Los hechos no necesitan demostración. Los hechos no se pueden demostrar. Cuando un hecho necesita ser demostrado o cuando puede demostrarse, entonces yano es un hecho, sino una construcción; una construcción patentizada. La verdad es la verdad. No se puede introducir en la ecuación ningún otro concepto en lugar de la verdad que no sea el de la verdad misma. Y la verdad no necesita demostración (ni puede demostrarse), lo mismo que los hechos.

Lo único que puedo hacer es reconocer un hecho como hecho y tratar de hacerlo reconocible o, cuando menos, comprensible a otros hombres como tal hecho.

Así pues aunque las cosas no estén ahí predicando de sí mismas todos y cada uno de sus atributos verdaderos -y, según los lógicos, al momento de predicar las relaciones verdaderas, estarían (sin darse cuenta, las pobres cosas) predicando también sus relaciones falsas, o las relaciones que no se dan en ellas, como quien dice-; no negamos que la cosa está ahí y tiene su gracia y su alegría (¿quién es uno para negarlo?) cuando de veras se toca, se vive y se siente -aunque sin hacer demasiada división entre lo que se siente y lo que se piensa-; cosa que sin duda ocurre, siempre y cuando se pase por la consabida condición que ya nos dice Marut: que no se sepa, o que no se pueda demostrar, que para el caso es más o menos lo mismo.

Espero que ya se vea clara la intención de decir que lo que hay aquí -y habrá, si se deja la cosa meter en palabras y hacerse electrones que fluyan, etc.- no es un hablar de la Realidad que a la misma vez va produciendo y haciendo más Realidad a su paso; sino un hablar contra la Realidad que, por más que niegue y reniegue de ella, nunca estará por la labor de que su negación se vuelva afirmación, o lo que es lo mismo: que lo negado se se nos haga afirmación por el lado que los lógicos nos vienen diciendo.

Así estas máquinas funcionan para contar las mentiras -como mentrias, ya se sabe, que para contarlas como verdades tenemos a los poderes y sus instituciones- y jamás ellas se gloriarían de una cosa tan imposible como de decir la verdad y mucho menos de demostrarla.


miércoles, diciembre 10, 2008

Máquinas contra la realidad.

Se supone que habría que dar cuenta de lo que quieren 'hacer' estas palabras. El problema con los 'haceres' de las cosas es que siempre tienen que estar respaldados por la realidad. En este caso, más o menos, también lo está, por lo menos de una manera negativa: se podría decir que la justificación del próximo desplante de artefactos es contra la realidad.

Si estos artefactos están aquí, estas pequeñas maquinitas mentales es para que se haga uso de ellas, no para que ellas lo usen a uno -quien quiera que se crea que sea-, ello implica ciertas reglas implícitas que habría que mentar.

Primero, que cuando se hable aquí no se habla para 'hacer' más realidad. Si ello ocurre, como puede llegar a ocurrir según el descuido del que escribe, es producto de un error y merece ser criticado y denostado. Todo lo que aquí aparezca quiere servir para 'deshacerse' de la realidad con la que ya cargamos y no para propagar su hechizo ni su mentira.

Segundo, que la utilidad que se dé a las cosas que aquí aparezcan tiene su fin -como mera máquina que es- en destruir la realidad, después de ello... la propia máquina es absolutamente inútil y hay que deshacernos de ella, (porque corre el riesgo de que la propia máquina se nos convierta en parte de realidad -reemplazándola-, es decir, que lo artificial se nos haga natural).

Tercero, a manera de guía, la labor del desecho de lo real pasa por una destrucción de la fe que se tiene en la Realidad.

Cuarto, una técnica sin realidad que la respalde no es igual al resto de las máquinas, por tanto hay que decir que las maquinitas que aquí se entregan funcionan de distinta manera que como lo haría, por ejemplo, un motor de conbustión interna -que juega y funciona con las reglas de la física y las propiedades de sus materiales-. ¿Cómo funcionan? No es una pregunta que proceda... porque cualquier respuesta sería dar realidad al arma que pretendemos usar.

Esta falta de fundamento, evidente y clara para cualquiera, se entiende si comparamos que por otro lado, la Realidad carece de fundamento y sin embargo sigue 'haciendo' cosas, como por ejemplo, determinar lo sano de lo enfermo, lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, etc.; y algo se tendrá que hacer contra ello. La función de estas máquinas es puramente política, ni científica, ni filosófica, ni reformadora.)

Ahora nos queda decir que entendemos por Realidad, sin que la cosa se nos vuelva muy abstracta. Quizá la definción más sencilla que se me ocurre (y que en última instancia puede funcionar como un pequeño salmo interrogativo al que acudir ante la duda) es: Realidad es lo que es, siendo que no puede no ser.

De esta definición tan general se podrían sacar varias modalidades, pero por ahora con ella nos debe bastar. Simplemente hay que apuntar, para recorrer el camino inverso: lo que mantiene la Realidad, se ve claramente, es la Fe. Porque una cosa sólo puede ser la que es, sin posibilidad de ser cualquier otra cosa, teniendo absoluta fe en ella -y las implicaciones filosóficas con las que se rodea la cosa y la realidad.

Por ello, ya se nos ve venir la cosa, aunque tampoco fuera muy de nuestro agrado, hablaremos de filosofía y los filósofos. Pero reiterando la advertencia: no los vamos a usar (como, dicho sea de paso, se les utiliza normalmente) para reformar la realidad, para cambiarla, para amuentarla, para hacerla más real, en suma, de lo que ya es; sino que los usaremos para demostrar sus mentiras, para que el propio rodar de sus palabras y las conexiónes que através de la historia han venido haciendo, se vean lo falsas que son todas sus premisas, lo imposibles de sus razonamientos y lo políticamente peligroso de sus sentencias.

Ya se verá que trataremos de la misma manera un texto filosófico, científico, literario, poético, etc. Los géneros forman una parte importante de la Realidad, sus falsas divisiones sus mentiras, sus taxonomías, especies, disciplinas, especialidades, etc. no son más que el desesperado intento de contener la mentira que haría imposible, por ejemplo, que la geometría y la antropología fueran productos de un mismo razonamiento claro, prístino y cristalino. Como ello no es así, la Realidad ha invalidado cualquier cruce de juegos lógicos entre los discursos... esto es, que nos ha prohíbido pensar poéticamente la química y filosofar sobre las matemáticas.

Hay que romper esa regla, la más simple e insostenible de todas, una vez rota esa, las demás le siguen una a otra con el simple rodar del más ingenuo razonamiento. Estas máquinas pretenden servir para ello.

Decir finalmente, que aunque estas son máquinas, no las usa nadie. Es decir, no están hechas para que las use usted, yo o el vecino de enfrente; las máquinas se usan solas y funcionan solas demostrando con el puro silogismo tratado de la Realidad su falsedad y su mentira. Usted, yo y el vecino de enfrente, al ser cosas de la Realidad, no podemos sino entorpecer el funcionamiento de estos artefactos, así que siéntese y mírelas actuar, demostrando lo falso de la Realidad -y de paso, ya lo vera usted, lo falso de usted y yo... (y del vecino de enfrente también).



viernes, diciembre 31, 2004

La soledad de un gato sin nombre



Y el mundo quieto palpitaba,
al infierno por las escaleras
con mil heridas por lamer
en la noche descorazonada.



miércoles, diciembre 29, 2004

Rotura




Ni aguantar ni escapar,
ni el luto ni la fiesta,
ni designio ni azar,
ni el llano ni la cuesta.

Ni puro ni perverso,
ni denso ni vacío,
ni en uno mismo inmerso
ni extroverso...

ni abrazador ni frío.

Ni de ida ni de vuelta,
ni al margen ni en el ajo,
ni pasión ni desdén.

Vacilación resuelta
con el suelo debajo
por entre el mal y el bien.

Ni cubierta la faz
ni mirando al abismo,
ni mandobles ni en paz
que viene a ser lo mismo.

Ni falta de criterio
ni sobra de juicio,
ni un carnaval tan serio
ni el dicterio...

tan sacado de quicio.

Ni súbdito ni rey,
ni a cualquier viento hoja
ni el paso altivo y fuerte,

por dónde pisa el buey
pero en la cuerda floja
mientras llega la muerte.

Estaba yo y mis piezas más o menos juntas. Era fácil mentir, era tan fácil... ¡Iba yo a que el mundo me devorara! E iba contento.

Sólo queda la fascinación.

La sensación de estar roto y que no hay fe ni fuerza ni pegamento en el mundo que logre unir lo que se ha desunido... que logre disimular todas las grietas estas de mis manos y las cicatrices de mis brazos. No, no lo hay. Olvidé todo, se me olvidó hasta mi nombre de usarlo tan poquito... se me olvidó mi apellido, el lugar donde nací, la casa donde me críe, se me fueron olvidando todas esas cosas que mantenían el orden unido... y todo se me dehizo entre las manos.

Qué miedo pasaba entonces... ¡no tengo hogar! Me decía... y ya no sé si aquella verdad -sin ser verdadera- me llenaba de tristeza o alegría... ya no sabía quien era el que tenía miedo. ¿Qué miedo podía sentir entonces?

Ah, ya... lo veía... sí, era eso... Creo que miedo sentía de que yo saltara en mil pedazos, pero el mundo no. El mundo quieto giraba entre sus cosas: uno, uno, uno era... y parpadeaba.

Pero nadie puede decir nada del mundo que sea cierto. La vida florece entre mis ruinas, como las raíces que parten con su crecimiento silencioso, los tiestos y barros que las contienen. Silenciosas caminan y el jardín tiembla todo. No hay humanos para contemplar ese hermoso espectáculo con ojos de humano, y sólo cabe que los perro sonrían... ni yo. Sólo las cosas.

viernes, octubre 15, 1999

Olvido vivo


El pez más viejo del río
de tanta sabiduría
como amontonó, vivía
brillantemente sombrío.
Y el agua le sonreía.

Tan sombrío llegó a estar
(nada del agua le divierte)
que después de meditar,
cogió el camino del mar,
es decir, el de la muerte.

Reíste tú junto al río,
niño solar. Y ese día
el pez más viejo del río
se quitó el aire sombrío.
Y el agua te sonreía.


(Miguel Hernández)


Si por lo menos filosofía fuera ir aprendiendo poco a poco de olvidarse de las cosas. Poquito a poco, olvidárseme como eran las mesas, los libros, las ideas... si por lo menos pudiera yo olvidarme de ver.

Mis ojos y manos como abejas liban las flores de las cosas... con avidez. Sí tan solo me olvidara de saber... ¡qué amenaza tan grande se abrirían en todas las yagas del alma! Un fuego limpio y tan nuevo nos bañaría entonces, cosas. ¡Sería yo uno entre vosotras!

Mirad, mirad... me estáis mirando, y sonreís.

miércoles, junio 19, 1996

Aburrimiento vivo



¿Te acuerdas del aburrimiento? ¿Te acuerdas de lanzarte sobre el equipo de música como quien busca encontrar un secreto entre los ritmos? La enredadera pudriéndose frente a la ventana, la pared desconchada, salida de sus bordes, los dibujos en la pared, los tlacuaches recorriendo las cornisas del muro cubiertos de vidrios, el sonido de las hojas del sáuce al acariciarse por la tarde… recorriendo el vivo aburrimiento de la tarde.

El mundo todo palpitaba de calor tras las frescas y gruesas cortinas, pero aquí adentro… aquí en donde mis manos jugueteaban a encontrar el tiempo e irlo matando poco a poco en un eterno vaivén de deshojar los minutos y los libros que iban cayendo sobre mí para esperar el amanecer.

¿Te acuerdas, tú, perro sin nombre? Perro al que llamábamos bestia pero eso no llegaba a nombre. Eras un fantasma, viviste como un fantasma, aún te recuerdo caminando conmigo en la madrugada, sin que se escuchara nada, sin que ningún espectro personal entrubiara los silencios, ahí estabas tú: caminando, con la lengua afuera, cabalgando como una aparición resplandeciente en la noche. Y yo sólo silbaba y sonreía.

¿Te acuerdas de ese aburrimiento? Era tan lindo… ¡ojalá pudiera aburrirme yo ahora! Cuánto lo anhelo… y no es sólo que este ya mandado y remandado el tener que entretenerme… no, no es eso, querido. Es… es que el tiempo no está sólo vacío. Hay algo al final del tiempo que nos apremia: eso es lo que no me deja aburrirme.

Hay algo al final del tiempo que me mata el aburrimiento. Es la muerte… creo.

Pero aún estas en el patio, ¿verdad? Aunque sea como sombra que me recorre la cabeza, ante mis ojos, sonriendo ante la ventana del comedor, sonriendo siempre que te miraban, con la lengua de fuera… con el ánimo galopante, mientras el sol estático quemaba la sierra y toda la ciudad brillaba como un lago desecado.

Aburrámonos juntos otra vez. Una última vez… entra en el cuarto. Siéntate conmigo en la moqueta y escucha: mira como el tiempo se va… y no mira hacia delante.